El fuego en la Vall d’Uixó ha destruido casi 10.000 hectáreas y mantiene a 2.800 personas evacuadas. Las autoridades esperan estabilizar el incendio en los próximos días. La investigación apunta a dos focos próximos.
El incendio forestal declarado hace casi una semana en la Vall d’Uixó, en Castellón, ha dejado un balance devastador: 9.599 hectáreas calcinadas y un perímetro de 81 kilómetros. Aunque la situación ha mejorado en las últimas horas, el fuego sigue sin estar completamente estabilizado y mantiene en vilo a la comarca, con 2.800 personas aún sin poder regresar a sus viviendas, especialmente en los municipios de Artana y Eslida.
La evolución favorable durante la noche ha permitido a los equipos de emergencia levantar la mayoría de las evacuaciones, según confirmó el consejero de Emergencias, Juan Carlos Valderrama. Sin embargo, la vuelta a casa para los afectados de las zonas más próximas al incendio sigue pendiente de una nueva evaluación por parte del Cecopi, el centro de coordinación de emergencias.
Por primera vez desde el inicio del siniestro, el operativo se centra en la contención y en la extinción de los últimos puntos calientes. Los responsables han reorganizado el dispositivo: ahora la prioridad es eliminar los focos internos que aún persisten dentro del perímetro, tras días de trabajo intenso defendiendo las poblaciones amenazadas por las llamas. Los medios aéreos, apoyados por helicópteros con cámaras térmicas, siguen descargando agua sobre las zonas más críticas.
La investigación sobre el origen del incendio avanza en paralelo. La Guardia Civil ha tomado declaración a varios testigos y, según la delegada del Gobierno en la Comunidad Valenciana, Pilar Bernabé, los agentes han identificado dos focos diferenciados en tiempo y espacio, aunque muy próximos entre sí, situados al inicio del monte junto al casco urbano de la Vall d’Uixó. Por el momento, no se ha confirmado la identificación de ningún responsable.
El operativo ha tenido que enfrentarse a condiciones especialmente adversas. La orografía de la Sierra de Espadán, con barrancos y laderas escarpadas, ha dificultado el acceso a las llamas, obligando a los bomberos forestales a trabajar a pie en zonas prácticamente inaccesibles. Además, la meteorología ha jugado en contra: la inversión térmica ha retenido el humo en el valle, reduciendo la visibilidad y complicando el uso de medios aéreos. El viento, por su parte, ha supuesto un riesgo constante de reactivación y propagación rápida del fuego.
La magnitud del desastre recuerda a otros grandes incendios recientes en España, como el que obligó a evacuar a miles de personas en Zaragoza y Navarra, donde el regreso a casa se realizó de forma escalonada y bajo vigilancia, según se relató en una cobertura anterior sobre la evacuación tras el incendio de Orés.
El incendio de la Sierra de Espadán ha reducido a cenizas el 12% del parque natural, una de las zonas de mayor valor ecológico de la provincia. La coordinación entre los distintos cuerpos de emergencia y la rápida movilización de recursos han sido clave para evitar daños mayores en las poblaciones cercanas. Según datos oficiales, la Comunidad Valenciana ha experimentado en los últimos años un aumento en la frecuencia e intensidad de los incendios forestales, impulsado por factores como la sequía prolongada y el abandono de terrenos agrícolas. El parque natural de la Sierra de Espadán, con más de 31.000 hectáreas protegidas, es uno de los principales pulmones verdes de la región y alberga una gran diversidad de flora y fauna. La recuperación ambiental tras un incendio de esta magnitud puede requerir décadas, y las autoridades ya estudian medidas para reforzar la prevención y la restauración de los ecosistemas afectados.