Can Yaman, hoy estrella internacional, creció entre becas y dificultades económicas tras la separación de sus padres. Antes de conquistar la televisión, trabajó como abogado y sorprendió con un cambio radical de rumbo.
Can Yaman es hoy uno de los rostros turcos más reconocibles en la televisión internacional, pero su historia personal está lejos de la imagen de éxito que proyecta en pantalla. Antes de convertirse en el carismático protagonista de 'Erkenci Kus' y de regresar a Mediaset con la esperada 'Sandokán', su vida estuvo marcada por desafíos familiares y una disciplina académica poco habitual en el mundo del espectáculo.
La separación de sus padres cuando apenas tenía cinco años fue el primer gran giro en su infancia. Desde entonces, las abuelas de Can se convirtieron en figuras clave, sosteniendo a la familia en medio de una crisis económica agravada por la quiebra de la oficina de aduanas donde trabajaba su padre. Durante años, el dinero fue un problema constante, pero el entorno familiar supo compensar la falta de recursos con afecto y estabilidad emocional. Según recuerda su madre, Can era un niño alegre, querido y, sobre todo, un estudiante brillante.
Un expediente académico fuera de lo común
Lejos de los focos, el joven Can Yaman se forjó en las aulas del prestigioso Bilfen Kolej y, más tarde, en el Liceo Italiano de Estambul, donde llegó a ser el alumno con las mejores calificaciones en cien años. Su excelencia académica le abrió las puertas a becas completas, imprescindibles para continuar sus estudios en una familia que atravesaba dificultades para pagar las cuotas escolares. Incluso fue seleccionado entre un grupo muy reducido de estudiantes para un intercambio en Ohio, Estados Unidos, donde perfeccionó su inglés y aprendió a adaptarse a nuevas culturas.
Tras graduarse con honores en el Liceo, Can apostó por la Universidad de Yeditepe en Estambul, esta vez gracias a una beca de baloncesto. Allí eligió Derecho, una carrera exigente que compaginó con su faceta deportiva, llegando a ser capitán del equipo universitario. Sus profesores destacan su memoria prodigiosa y su capacidad para liderar tanto en la cancha como en el aula. Aprovechó también un intercambio en Washington D. C., donde profundizó en el sistema jurídico estadounidense y amplió su visión internacional, comparando el derecho turco con el anglosajón.
El salto inesperado: de la abogacía al plató
Al terminar la universidad, Can Yaman parecía destinado a una carrera sólida en el mundo legal. Fue contratado por PricewaterhouseCoopers (PwC) en Turquía, donde se especializó en derecho fiscal, fusiones y adquisiciones, y asesoró a grandes empresas en operaciones complejas. Incluso llegó a publicar artículos técnicos en la sección fiscal del periódico 'Dünya'. Sin embargo, tras solo seis meses, decidió dejar la consultora: la rutina de oficina y el traje diario no encajaban con su personalidad inquieta.
El destino quiso que, durante unas vacaciones en Bodrum, conociera a quienes serían sus representantes artísticos. Ese encuentro marcó el inicio de su transición del derecho a la interpretación, aunque su vínculo con la abogacía no terminó ahí. En ese mismo periodo, fundó junto a otros abogados el bufete Yaman Law Office en Estambul, del que se desvinculó en 2022 cuando su popularidad hizo incompatible la vida de despacho con la de estrella mediática.
Un fenómeno que trasciende fronteras
La historia de Can Yaman no solo fascina por su transformación profesional, sino también por la manera en que ha sabido reinventarse. Su regreso a la televisión española con 'Sandokán' ha reavivado el interés por su figura, como ya ocurrió con su papel en 'Erkenci Kus'. No es casualidad que su trayectoria despierte tanta curiosidad: detrás del éxito hay una vida de esfuerzo, resiliencia y decisiones poco convencionales. De hecho, su evolución ha sido tema de conversación en medios españoles, y su nueva etapa como protagonista de aventuras ha sido analizada en profundidad en un reciente reportaje sobre su regreso a la pequeña pantalla.
Como señala Divinity, el caso de Can Yaman es el ejemplo perfecto de cómo una infancia marcada por la adversidad puede convertirse en el motor de una carrera internacional. Hoy, su nombre es sinónimo de éxito, pero su historia demuestra que, a veces, los caminos menos esperados son los que llevan más lejos.