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El riesgo oculto de conservar pescado en plástico: lo que revela la ciencia

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

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El riesgo oculto de conservar pescado en plástico: lo que revela la ciencia

Un análisis del IDAEA-CSIC demuestra que el pescado puede absorber sustancias químicas de envases plásticos incluso en el congelador. El tipo de envase y el tiempo de conservación influyen en la presencia de contaminantes, con especial preocupación por el bisfenol A.

Un estudio reciente del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA-CSIC) ha puesto en cuestión una costumbre doméstica habitual: conservar pescado en envases plásticos, ya sea en la nevera o en el congelador. La investigación, realizada junto a la Universidad de Florencia y publicada en Environment International, revela que el pescado puede absorber compuestos químicos de bandejas, films y bolsas de congelación, incluso cuando se almacena a -18 °C.

El trabajo analizó 49 sustancias presentes en plásticos alimentarios, entre ellas plastificantes y bisfenoles, y comprobó que la migración de estos compuestos al pescado aumenta cuanto más tiempo permanece en contacto con el envase. Tras un mes de congelación, los niveles de contaminantes detectados en el pescado fueron significativamente superiores a los de muestras no expuestas a plásticos.

Cómo y por qué migra el plástico

La transferencia de sustancias químicas depende de varios factores: el tipo de envase, la temperatura, el tiempo de conservación y las características del propio pescado. No todos los materiales plásticos se comportan igual, ni todas las especies absorben la misma cantidad de compuestos. Por ejemplo, los pescados grasos como el salmón tienden a acumular más contaminantes solubles en grasa, mientras que especies con mayor contenido de agua, como la merluza, presentan otros patrones de absorción.

Entre los compuestos analizados, el DEHA —un plastificante utilizado para dar flexibilidad a los envases— mostró tasas de migración especialmente altas, superando el 95% en algunos casos de salmón. Aunque el DEHA se emplea como alternativa a los ftalatos, su impacto en la salud humana aún no está completamente evaluado.

El foco en el bisfenol A

La principal preocupación del estudio recae sobre el bisfenol A (BPA), un compuesto relacionado con alteraciones hormonales. Aunque se detectaron decenas de sustancias diferentes, el BPA concentra la mayor parte del riesgo potencial para la salud. La migración de bisfenoles varía según el tipo de pescado y el envase, pero su presencia en alimentos congelados confirma que el frío no es una barrera suficiente.

Normativa y alternativas

España comenzó a restringir el uso de bisfenol A en envases alimentarios en 2022, y la Unión Europea aprobó una prohibición general que entró en vigor en enero de 2025. Sin embargo, los fabricantes disponen de moratorias que, en algunos casos, se extienden hasta 2028. Desde el IDAEA-CSIC se insiste en la necesidad de acelerar la retirada del BPA para reducir la exposición de la población.

El estudio también evaluó bandejas compostables, consideradas una opción más sostenible. Sin embargo, los resultados fueron inesperados: en algunos casos, como la merluza congelada durante un mes, estos envases presentaron los niveles más altos de exposición a contaminantes. Según las investigadoras, los materiales compostables pueden requerir más aditivos químicos para igualar las prestaciones de los plásticos convencionales, lo que no garantiza una menor transferencia de sustancias al alimento.

¿Congelar protege?

Hasta ahora, se pensaba que el calor era el principal factor que favorecía la migración de contaminantes desde los envases. Sin embargo, la investigación demuestra que la transferencia de químicos ocurre también a temperaturas de congelación. El frío conserva el pescado, pero no impide que los compuestos del plástico pasen al alimento con el tiempo.

Las autoras del estudio subrayan la necesidad de revisar los materiales utilizados para conservar alimentos, especialmente en productos que se almacenan durante largos periodos. También recomiendan ampliar la investigación a otros grupos alimentarios, como carnes y lácteos, para determinar si el fenómeno es generalizado.

Consejos para reducir riesgos

El informe pone especial atención en los colectivos más vulnerables, como bebés y niños pequeños, que reciben una dosis proporcionalmente mayor de contaminantes en relación con su peso corporal. Para minimizar la exposición, las investigadoras recomiendan:

  • Utilizar recipientes de vidrio para conservar pescado en casa.
  • Evitar mantener el pescado durante meses en el congelador.
  • Reducir el contacto prolongado con bandejas, papel film o bolsas de plástico.
  • Valorar bolsas de tela sin aditivos plásticos cuando sea posible.

La conclusión es clara: cuanto menos tiempo esté el pescado en contacto con envases plásticos, menor será la exposición a sustancias químicas. Revisar los hábitos cotidianos de conservación puede marcar la diferencia, especialmente en hogares con menores.

Como señala el estudio, la falta de información sobre la composición de los envases dificulta la elección informada en el supermercado. Por ahora, el vidrio se mantiene como la opción más segura para quienes buscan reducir riesgos en la conservación de alimentos.

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