El círculo más cercano de Carmen Lomana conoció por fin cómo fue su despedida de Carlos Fernández-Lomana. Tras varios días sin pronunciarse, la socialité decidió contar el gesto que marcó ese último momento. Antes de la incineración, Carmen se acercó al cuerpo de su hermano, le habló, le besó y le acarició. Ese acto íntimo se convirtió en noticia en Asturias y en los medios nacionales.
La muerte de Carlos Fernández-Lomana, que dedicó su carrera a la banca y siempre mantuvo un perfil discreto, golpeó a la familia el pasado fin de semana en Asturias. Carlos falleció el 3 de octubre de 2026 en Lieres, en el concejo de Siero, según confirmaron medios como El Mundo y El Comercio. Nació en Oviedo y vivió la mayor parte de su vida en Siero. La despedida se celebró en Oviedo, rodeado de familiares y amigos en una capilla ardiente. Carmen, agradecida por el cariño recibido, quiso resaltar la elegancia y la bondad de su hermano, al que describió como "muy querido, muy bueno y un señor elegantísimo".
Carlos Fernández-Lomana acompañó a Carmen al altar en su boda en 1974, un gesto que reflejó la profunda unión entre ambos hermanos.
El golpe de la noticia fue aún más duro cuando Carmen relató cómo se enteró. Estaba trabajando en la radio cuando su sobrino Guillermo la llamó de forma inesperada. La gravedad de la situación se hizo evidente en segundos, aunque la confirmación definitiva llegó solo al llegar a Oviedo. Viajó acompañada de su pareja, Antonio Gutiérrez Marcet, a quien llama con humor el “fijo discontinuo”. El trayecto estuvo marcado por la tristeza, pero el apoyo de Antonio y los mensajes de amigos y conocidos ayudaron a sobrellevarlo.
En el plató de 'Y ahora Sonsoles', Carmen Lomana respondió sin rodeos a las preguntas sobre la causa de la muerte de su hermano. Explicó que Carlos sufría una enfermedad cardíaca, un problema que, según ella, afecta a varios miembros de la familia y obliga a todos a vigilar su salud cardiovascular. No existe parte médico oficial que lo confirme, así que este dato solo puede atribuirse a las palabras de Carmen. A pesar de la enfermedad, Carlos pudo marcharse en paz, rodeado de su mujer, su hija y sus nietos, en un ambiente de cariño y tranquilidad.
La relación entre Carmen y Carlos fue siempre especial. No fue casualidad que él la acompañara al altar en su boda, después de que su padre se negara. Ese vínculo se mantuvo hasta el final. El último gesto de Carmen en la capilla ardiente se ha interpretado como una muestra de ese lazo irrompible. “Teníamos una relación muy maravillosa”, reconoció la socialité, dejando claro que la familia sigue siendo su refugio en los momentos más difíciles.
El funeral y la cremación de Carlos Fernández-Lomana se celebraron el 4 de octubre en el tanatorio Los Arenales de Oviedo, siguiendo su voluntad. Al día siguiente, una misa en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen precedió la colocación de sus cenizas en el columbario familiar.
El eco de esta despedida recuerda otros adioses recientes que han marcado la crónica social, como el de Maricarmen Abascal, cuya historia fue recogida aquí. En ambos casos, los gestos de humanidad en los últimos momentos han cobrado protagonismo.
La exposición pública de Carmen Lomana estos días no ha sido un simple trámite mediático. Su forma de compartir el dolor, sin dramatizar pero con honestidad, ha devuelto a la conversación pública el valor de los lazos familiares y la importancia de los pequeños gestos en los momentos de pérdida. En un entorno donde la notoriedad suele ir de la mano de la distancia emocional, la actitud de Carmen marca la diferencia: la cercanía y la autenticidad siguen siendo noticia cuando se trata de despedidas que dejan huella.
Carmen destacó la magnitud del apoyo recibido por la familia Lomana. En declaraciones a La Nueva España, contó que acudieron personas de Llanes, de distintos puntos de Asturias y de Selorio, y calificó las muestras de condolencia como "enormes". Más detalles sobre la trayectoria y despedida de Carlos Fernández-Lomana pueden consultarse en la cobertura de El Mundo.