Residentes de Madrid exigen explicaciones por las obras en Conde de Casal. En la zona de Conde de Casal, en Madrid, vecinos y comercios sufren por las grandes obras. Las autoridades no informan sobre los riesgos y las posibles consecuencias. La población teme que se repita la situación de San Fernando.
En Madrid estalla un conflicto en torno a la gran remodelación del nudo de transporte Conde de Casal. Vecinos y comerciantes se quejan del ruido constante, vibraciones y daños en los edificios, así como de la falta de información oficial sobre el avance y las consecuencias de las obras. Según relatan, la situación solo ha empeorado en los últimos meses: aparecen nuevas calles de forma repentina, se cierran rutas habituales y los cambios clave se conocen por los medios o por casualidad.
Cambios inesperados y preocupación
En la madrugada del viernes, los vecinos de la Avenida del Mediterráneo se despertaron y encontraron una nueva calle justo bajo sus ventanas. El tráfico fue desviado a la superficie tras el cierre del túnel de Conde de Casal, pero no hubo avisos oficiales. Muchos temen que sus edificios, construidos hace décadas, no soporten estas intervenciones. En marzo, se desprendieron partes del revestimiento de una fachada en Doctor Esquerdo, y solo entonces los propios residentes instalaron una red de protección, costeada con sus propios fondos.
Según los ciudadanos, las autoridades regionales y municipales no proporcionan resultados de inspecciones de los edificios ni explicaciones claras sobre los riesgos. Algunos comparan la situación con la de San Fernando de Henares, donde tras obras apresuradas en el metro decenas de viviendas acabaron derruidas o dañadas. Las preocupaciones aumentaron tras un incidente con una fuga de gas: los vecinos notaron un fuerte olor y vieron llegar camiones de bomberos, pero nunca recibieron explicaciones oficiales.
Negocios al límite de la supervivencia
Los comercios y servicios locales se encuentran en una situación difícil. Los propietarios señalan una caída brusca en la facturación —hasta un 80% respecto al año pasado. Debido a las vallas y a los constantes trabajos, la gente ha dejado de entrar en las tiendas y algunos establecimientos ya han cerrado. El dueño de una tienda de comestibles en Doctor Esquerdo cuenta que ahora puede esperar horas a los clientes. La administración de lotería, a pesar de intentar obtener una compensación, aún no ha recibido ni pagos ni instrucciones claras sobre cómo presentar la solicitud.
Según los empresarios, las compensaciones prometidas por las autoridades son simbólicas y no cubren ni una parte de las pérdidas. Algunos se ven obligados a buscar trabajos adicionales para poder pagar el alquiler y los créditos. La situación recuerda a las recientes protestas en otros barrios de España, donde los vecinos también se manifestaron contra las consecuencias de grandes proyectos de infraestructura, como ocurrió en Granada, donde los residentes del Albaicín exigían limitar la afluencia de turistas y preservar el barrio.
Las autoridades no se apresuran a responder
Representantes oficiales de la Consejería de Transportes afirman que las obras se realizan dentro del horario permitido, pero reconocen que las molestias para los vecinos son inevitables. Sin embargo, por ahora no responden a preguntas sobre el estado de los edificios, las compensaciones ni los planes futuros. Residentes y negocios siguen exigiendo transparencia y garantías de seguridad, temiendo que las consecuencias puedan ser mucho más graves de lo que aseguran los funcionarios.