Estalla un escándalo en Burgos por la exclusión masiva de vecinos del padrón. En Padrones de Bureba, el número de empadronados cayó de 46 a 23 en un año. Los vecinos acusan al alcalde de eliminar a sus opositores del padrón para controlar las elecciones. El conflicto ha dividido el pueblo y provocado una oleada de quejas.
En la pequeña localidad de Padrones de Bureba (Burgos) se ha desatado un fuerte conflicto en torno a la drástica reducción del número de vecinos empadronados. En poco tiempo, la lista oficial se redujo de 46 a 23 personas, lo que ha generado sospechas de posibles manipulaciones intencionadas por parte de las autoridades locales. Según El País, algunos vecinos creen que el alcalde Miguel Ángel García (PP) elimina del padrón a quienes le critican o no le apoyan en las elecciones, con el fin de mantener el control sobre el municipio.
La situación se ha tensado tanto que en el pueblo se han formado dos bandos enfrentados. Por un lado, el alcalde y sus seguidores; por otro, el concejal de la oposición Dariusz Tomasiak (Vía Burgalesa) y un grupo de vecinos descontentos. El alcalde sostiene que actúa estrictamente conforme a la ley: elimina del padrón a quienes realmente no residen en Padrones de Bureba. Sus oponentes están convencidos de que, bajo el pretexto de comprobar la residencia efectiva, García se deshace de quienes le resultan incómodos para influir en el resultado de las elecciones de 2027.
Muchas viviendas del pueblo están vacías o solo se utilizan en verano. Algunos residentes trabajan en Burgos y solo regresan los fines de semana, mientras que las personas mayores se trasladan a la ciudad durante el invierno. Según la ley, para permanecer en el padrón, es necesario acreditar la residencia efectiva —presentando facturas de electricidad, un contrato de alquiler o documentos de propiedad. Sin embargo, como señala El País, en algunos casos estos requisitos se aplicaron de forma selectiva y el bajo consumo eléctrico en las viviendas no siempre significa que no haya habitantes.
En respuesta a las acusaciones, García destaca que la ley es igual para todos y que, si alguien vive y trabaja en Burgos pero figura en los Padrones de Bureba, esto debe ser verificado. También afirma que el concejal opositor Tomasiak presentó denuncias contra personas del entorno del alcalde para excluirlas del censo. Como resultado, el pueblo quedó dividido y el ambiente se volvió tenso: algunos vecinos temen expresarse abiertamente por miedo a las consecuencias.
Tomasiak, que vive en el pueblo desde hace 13 años, acusa a García de haber empadronado a toda su familia para controlar las elecciones, así como de conceder licencias de obra solo a sus partidarios. Según él, conseguir la documentación necesaria para reformas o actividades económicas se ha vuelto prácticamente imposible para quienes no forman parte del círculo de confianza del alcalde. También afirma que el presupuesto municipal se gestiona de forma poco transparente y que la oposición sufre presiones.
Algunos vecinos que prefieren permanecer en el anonimato cuentan que sus familiares mayores fueron excluidos del censo, a pesar de haber vivido toda la vida en el pueblo. Dicen que los intentos de recuperar el empadronamiento o de obtener explicaciones del alcalde no han dado resultado. Como motivo de la negativa, lo más habitual es la insuficiente demanda de electricidad o la falta de documentos necesarios.
En el pueblo no cesan las disputas: algunos acusan a Tomasiak de dividir a los vecinos entre “los suyos” y “los de fuera”, mientras otros consideran que precisamente las acciones de García provocaron la fractura. En situaciones similares, cuando las autoridades locales toman decisiones polémicas, los residentes de otras regiones también se enfrentan a la desconfianza y los conflictos, como ocurrió en el caso de la pérdida de apoyo a las autoridades en Jaén tras el fracaso de un gran proyecto.
Para referencia: según la legislación española, todo ciudadano está obligado a estar empadronado en su lugar de residencia habitual. El número de empadronados influye en el tamaño de las subvenciones, la financiación de infraestructuras y la posibilidad de participar en elecciones. En pequeñas localidades, este tipo de conflictos puede afectar significativamente la vida de toda la comunidad y la distribución de recursos.