Desfile histórico de Dior en el Palacio de Liria: debut del joven Yves Saint Laurent en Madrid. La primavera madrileña de 1959 fue especial. El Palacio de Liria acogió un evento emblemático. La legendaria casa de moda presentó una nueva colección. Detrás de todo estaba la famosa duquesa de Alba.
A mediados del siglo XX, mientras Europa aún se recuperaba de los estragos de la posguerra, la alta costura no se detenía. Como si fueran compañías de teatro itinerantes, las colecciones de los grandes modistos recorrían las capitales del mundo, conquistando corazones y carteras de una nueva clientela. En esta carrera de la moda, Madrid no se quedó al margen: en la primavera de 1959 se convirtió en el epicentro de un acontecimiento del que todos hablaban. La principal impulsora de este evento fue la inolvidable Cayetana Fitz-James Stuart, duquesa de Alba, quien abrió las puertas de su residencia madrileña, el majestuoso Palacio de Liria, al mundo de la moda.
El 11 de abril de 1959, la aristocracia y la alta sociedad de la capital española esperaban, conteniendo la respiración, el inicio de una de las citas sociales más exclusivas del año. La codiciada invitación se había convertido en el tesoro más deseado de la ciudad. El motivo del revuelo fue el desfile de la colección primavera-verano de la casa Christian Dior. La expectación era máxima: monsieur Dior había fallecido dos años antes y al frente estaba ahora un joven genio de apenas 21 años, Yves Saint Laurent. En Madrid presentaba su colección debut para Dior, “Trapèze”, que ya había causado sensación en París. Catorce modelos debían lucir 114 conjuntos, y la coreografía del desfile estuvo a cargo del propio director creativo.
La lista de invitados brillaba con nombres destacados. Entre los presentes estaban Carmen Franco, hija del dictador; la infanta Alicia de Borbón, tía del futuro rey Juan Carlos; y la marquesa de Llanzol, musa de Balenciaga, cuyos romances agitaban a la sociedad conservadora. En total, se reunieron unos dos mil asistentes, cada uno de los cuales pagó 300 pesetas por entrada, una suma considerable para la época. Entre los presentes también se encontraba el actual duque de Alba, Carlos Fitz-James Stuart, que en ese entonces tenía solo 11 años. Incluso entre las modelos había representantes de familias nobles, lo que aportaba un aire de especial sofisticación al evento.
El desfile tuvo lugar en los lujosos salones del palacio. La anfitriona de la velada, la duquesa Cayetana, recibía a los invitados con un vestido vaporoso de gasa celeste, del brazo de un joven y algo tímido Yves Saint Laurent. Siguiendo la tradición de la época, las modelos descendían la escalera principal, atravesaban salas decoradas con obras de arte y culminaban su recorrido en el salón de baile. Cada salida era acompañada por una descripción verbal del conjunto. El público quedó fascinado por las siluetas audaces y elegantes que anticipaban una nueva era de cambios. El vestido de cóctel “Aubade”, confeccionado en seda con falda amplia, y el conjunto veraniego “Bonnes Vacances” con falda corta, se convirtieron en verdaderos éxitos. Fue este desfile el que consolidó en la alta costura la famosa línea A, la primera gran innovación de Saint Laurent.
Sin embargo, detrás del brillo y el lujo se escondía un objetivo noble. El evento fue organizado a beneficio de las escuelas salesianas, uno de los proyectos benéficos más importantes de la duquesa. El éxito fue rotundo: se recaudó un millón de pesetas. Cayetana ya había organizado desfiles de moda para apoyar sus iniciativas, incluidas causas en defensa de los animales, pero el desfile de Dior fue el más exitoso de todos.
El Palacio de Liria se convirtió en varias ocasiones en el escenario de moda por excelencia para su propietaria. La duquesa posó allí para fotógrafos icónicos de su época. Ya en 1948, Cecil Beaton la fotografió para la edición estadounidense de Vogue con un vestido de Cristóbal Balenciaga, y en 1962 posó ante el objetivo de Henry Clarke con un diseño de Elio Berhanyer. Su vínculo con el mundo de la moda era profundo y natural.
El desfile triunfal de la colección «Trapèze» no terminó en Madrid. Ya en junio de ese mismo año, los modelos de Dior desfilaron en la Plaza Roja de Moscú ante once mil selectos espectadores. Sin embargo, el destino del propio Saint Laurent en la maison fue dramático. Solo dos años después de estos éxitos, fue despedido. Este giro, sin embargo, marcó el inicio de una nueva leyenda: el emprendedor Pierre Bergé convenció al diseñador de fundar su propia marca, que cambió para siempre el mundo de la moda.