El paro en España bajó al 10,3% en mayo de 2026. Es el nivel más bajo en años. Pero la distancia con Europa sigue siendo enorme. La media de la OCDE está en el 4,9%. Esa brecha de 5,4 puntos muestra que, aunque hay avances, el mercado laboral español sigue por detrás de sus principales socios. Los últimos datos armonizados de Eurostat sitúan la tasa de paro de la Unión Europea en el 6,1% en julio de 2026. España sigue entre los países con más desempleo del bloque.
El informe más reciente de la OCDE, publicado el 7 de julio, dibuja un país que crea empleo y reduce la temporalidad, pero no logra cerrar las heridas de la crisis ni la desigualdad entre regiones. El empleo entre los 15 y 64 años sube al 67,3%. Aun así, está 4,8 puntos por debajo del promedio de la OCDE. La tasa de actividad alcanza un máximo histórico del 75,1%, cerca del 76,7% de la OCDE. El Banco Central Europeo señala que el paro en la eurozona se mantuvo en el 6,4% en julio de 2026. El empleo crece más despacio y la productividad mejora poco a poco.
La tasa de paro juvenil en España alcanzó el 22,9% en julio de 2026, situándose muy por encima de la media europea y reflejando un reto persistente para la integración laboral de los jóvenes.
La reforma laboral de 2021 ha cambiado el panorama. La temporalidad ha caído del 24,8% al 14,8% en solo cuatro años. Son 10 puntos menos. La OCDE lo atribuye a la restricción de los contratos temporales y la eliminación del contrato por obra o servicio. Pero parte de la mejora se debe al auge de los fijos discontinuos. Son contratos indefinidos que permiten periodos sin trabajo y no siempre aseguran ingresos estables todo el año. El debate económico sigue abierto sobre la estabilidad real de estos contratos, aunque cada vez pesan más en el mercado laboral.
El empleo crece, pero el poder adquisitivo no se recupera del todo. Los salarios reales subieron un 2% en el último año, pero siguen un 2% por debajo del primer trimestre de 2021. La OCDE destaca que las subidas del salario mínimo han protegido a los trabajadores con menos ingresos frente a la inflación. Sin embargo, la mayoría de la plantilla sufre estancamiento salarial. El organismo prevé que el crecimiento de los sueldos reales será limitado en 2026 y 2027, frenado por la baja productividad y nuevas presiones sobre los precios. El Banco Central Europeo informó que la remuneración por empleado creció un 3,3% interanual en el segundo trimestre de 2026, menos que el 3,5% del trimestre anterior.
Las diferencias entre regiones siguen marcando el acceso al empleo. En 2024, Melilla tuvo un paro del 28,3%. Gipuzkoa apenas llegó al 6,4%. La brecha de 21,9 puntos muestra que el lugar de residencia condiciona las oportunidades laborales. La distancia entre los territorios españoles con más y menos empleo es de 15,5 puntos, frente a los 11,4 de media en países comparables. La movilidad interna ha reducido estas diferencias un 10,4% desde 2010, pero no basta para igualar el terreno.
La OCDE ha revisado al alza la previsión de crecimiento del PIB español para 2026 hasta el 2,6%, pero advierte que la inflación se mantendrá elevada en torno al 3,7%, lo que podría limitar la mejora del poder adquisitivo de los hogares.
La renta disponible también muestra el mapa desigual. Madrid supera en más de 1,5 veces la mediana de Almería. La OCDE lo atribuye en parte a las condiciones del mercado laboral local. El informe señala que las empresas españolas ahora son más rápidas en ajustar plantilla si la economía empeora. Solo el 4,3% evita recortes, frente al 8,9% en 2019. Según datos recientes de la Agencia EFE, la publicación de Eurostat del 22 de septiembre de 2026 refuerza la posición de España como uno de los países con más paro de la UE.
El contexto de inflación y salarios estancados no es nuevo. Como se explica en otro informe reciente, el coste de la vida y la debilidad del poder adquisitivo siguen siendo un problema para millones de hogares.
España ha dado pasos claros en empleo y contratos más estables. Pero el país sigue atrapado entre la mejora de las cifras y la realidad de salarios bajos y desigualdad territorial. El reto es convertir el crecimiento del empleo en una recuperación real del poder adquisitivo y en más cohesión social. Sin una estrategia que ataque la baja productividad y las brechas regionales, el mercado laboral español seguirá lejos de los estándares europeos, aunque el paro baje.