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Fallece Javier Calderón, figura clave del Cesid y CNI, a los 95 años

Ricardo Rubio Español.News

Publicado por Ricardo Rubio

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Fallece Javier Calderón, figura clave del Cesid y CNI, a los 95 años

Javier Calderón, exdirector del Cesid y del CNI, muere en Madrid a los 95 años. Su trayectoria marcó la inteligencia española en momentos críticos. Su papel durante el 23-F sigue envuelto en misterio.

El teniente general Javier Calderón Fernández, uno de los nombres más influyentes en la historia reciente de los servicios de inteligencia españoles, ha fallecido en Madrid a los 95 años. Su muerte pone fin a una etapa marcada por la gestión de información sensible en los momentos más delicados de la transición política y militar de España, especialmente durante el intento de golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

Calderón fue primero secretario general y hombre fuerte del Centro Español de Información para la Defensa (Cesid) en los años previos y posteriores al 23-F, y más tarde, entre 1996 y 2001, dirigió la institución bajo el primer Gobierno de José María Aznar. Su cercanía con figuras como Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente con Adolfo Suárez, y su participación en la evolución de los servicios secretos, le situaron en el centro de las decisiones más reservadas del Estado.

La trayectoria de Calderón estuvo marcada por la formación militar y la especialización en inteligencia y lucha antisubversiva. Nacido en Dos Barrios (Toledo) en 1931, su vida estuvo marcada desde la infancia por la violencia de la Guerra Civil, tras el fusilamiento de su padre. Trasladado a Madrid, ingresó en la Academia General Militar y se formó en operaciones especiales, recibiendo instrucción de unidades estadounidenses vinculadas a la CIA. Esta colaboración internacional, iniciada en los años cincuenta, reforzó la posición estratégica de España en el contexto de la Guerra Fría.

Durante su carrera, Calderón participó en la creación y desarrollo de organismos como la Organización Contrasubversiva Nacional, el SECED y finalmente el Cesid, donde ascendió hasta el generalato. En el entorno de la inteligencia, compartió formación y responsabilidades con otros militares que alcanzarían altos cargos, como Francisco Quintero, José Ignacio San Martín y José Luis Cortina Prieto. El grupo Forja, de inspiración cristiana y militar, también fue un espacio de influencia para Calderón y sus contemporáneos.

El papel del Cesid en el 23-F sigue siendo objeto de debate. Bajo la dirección efectiva de Calderón, varios agentes fueron señalados por su supuesta implicación en los preparativos del golpe. Las denuncias internas y la posterior absolución de José Luis Cortina, uno de los principales acusados, dejaron sin resolver muchas incógnitas sobre la actuación de los servicios secretos en aquellos días. La Ley de Secretos Oficiales, vigente desde 1968, ha dificultado el acceso a documentación clave, ya que no establece plazos claros de desclasificación.

En 1996, tras ser nombrado director del Cesid por el Rey, Calderón impulsó una profunda reorganización interna, sometiendo a unos 2.000 agentes a pruebas de capacitación. De este proceso quedaron excluidos varios miembros que habían denunciado la supuesta participación del Cesid en el 23-F, así como la archivera que facilitó documentos secretos años después. Según fuentes de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME), Calderón habría recibido instrucciones para eliminar documentación relacionada con el golpe.

La vida personal de Calderón estuvo marcada por la discreción. Padre de dos hijos y una hija, Beatriz, quien también trabajó en el servicio secreto, residía en la calle Modesto Lafuente de Madrid y pasaba largas temporadas en La Berzosa, cerca de Hoyo de Manzanares. Era conocido por su trato afable y su afición al mus y al dominó, aunque evitaba hablar de sus actividades profesionales.

La gestión de secretos de Estado y la falta de transparencia en torno a episodios como el 23-F siguen generando debate en la sociedad española. La Ley de Secretos Oficiales, que apenas ha cambiado desde la dictadura, continúa siendo un obstáculo para el acceso a información relevante sobre la transición y la actuación de los servicios de inteligencia. Este contexto recuerda a otras normativas recientes que buscan regular la gestión de materiales sensibles, como la ley catalana sobre el amianto, aprobada por unanimidad en el Parlament y que impone sanciones y obligaciones de identificación y retirada, según se detalla en la información sobre la nueva regulación del amianto en Cataluña.

La figura de Javier Calderón queda asociada a una época en la que la inteligencia española operaba bajo un estricto velo de secreto, con conexiones internacionales y una influencia decisiva en la estabilidad del Estado. Su fallecimiento cierra un capítulo clave en la historia de la seguridad y la política española, mientras el debate sobre la transparencia y la memoria histórica sigue abierto.

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