Según Antena 3 y Público, Sánchez llegó en coche oficial a la plaza de Cánovas del Castillo entre las 10:56 y las 10:57. Esperó dentro unos minutos a que llegara el rey, según El País.
Durante esa espera se oyeron insultos contra el presidente del Gobierno, entre ellos «Pedro Sánchez, hijo de puta» y «Pedro Sánchez, a prisión».
Las protestas también se colaron en la conversación de 'Horizonte'. Iker Jiménez resumió su impresión con cuatro palabras: «No tiene que ser fácil». Después pidió a sus colaboradores que valoraran los abucheos.
La reacción del presentador abrió un intercambio con opiniones contrapuestas sobre el ruido del público y la respuesta de Sánchez.
«Este es el último 12 de octubre de Pedro Sánchez»
Parte del público coreó «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende». Telecinco relacionó el lema con las llegadas masivas de migrantes a Ceuta del 30 y 31 de julio. Los abucheos volvieron cuando llegó la Familia Real y durante la salida del presidente. El desfile militar transcurrió sin incidentes graves, aunque Sánchez ya había recibido protestas en actos del Día de la Fiesta Nacional.
La jornada coincidió con la campaña para las elecciones generales anticipadas, convocadas para el 29 de noviembre de 2026. Las críticas al Gobierno aludieron a la situación migratoria de Ceuta y a las relaciones con Marruecos. Isabel Díaz Ayuso llamó a la jornada el «último 12 de octubre» de Sánchez y acusó al Gobierno de «impunidad, mentira y mafia».
Alma Ezcurra, representante del Partido Popular, dijo que la calle había mostrado el rechazo al presidente. También pidió que la ciudadanía expresara su posición en las urnas, no solo con gritos.
«Ceuta no se vende, Ceuta se defiende»
Después del desfile, Sánchez publicó un mensaje sobre la diversidad de España y afirmó que hay «muchas formas» de ser español. También defendió los derechos de la ciudadanía y el carácter plural de la sociedad.
El episodio se comentó en un programa que ya había acogido intervenciones políticas, como recoge este análisis sobre Ayuso.
El doctor Cabrera sostuvo que la posición de Sánchez junto a la tribuna y la distancia respecto al público no impidieron que los silbidos se oyeran con claridad. A su juicio, el presidente afrontó la situación con una sonrisa y mostró capacidad para soportar la presión. Jiménez dijo que esa entereza le impresionaba incluso al verlo por televisión.
Ketty Garat consideró que la escena podía resultar impactante, pero defendió que expresar opiniones no constituye un delito, aunque los insultos sean de mala educación. Pidió no exagerar la gravedad de lo ocurrido y vinculó el enfado de los asistentes con su percepción de la situación política. Sus afirmaciones sobre un supuesto intento de pucherazo se presentaron como su opinión.
Eduardo Inda coincidió en parte con Garat. Calificó los insultos de desagradables y violentos, pero sostuvo que un presidente debe asumir que puede recibirlos. El debate terminó con posiciones distintas entre los colaboradores. Inda recordó que, según dijo, José María Aznar y Mariano Rajoy también sufrieron insultos.