Javier Ungría revela sus inquietudes sobre la educación de Camila, la hija que comparte con Elena Tablada. El empresario habla de valores, acuerdos y la convivencia tras una separación marcada por momentos tensos.
Javier Ungría ha decidido hablar claro sobre uno de los temas más delicados de su vida personal: la educación de su hija Camila, fruto de su relación con Elena Tablada. El empresario, conocido por su perfil discreto y su vida alejada de los focos, ha concedido una entrevista a la revista ¡HOLA! en la que reconoce que, pese a su carácter tranquilo, la paternidad le ha obligado a replantearse muchas cosas. Desde su separación de Elena Tablada en agosto de 2022, tras seis años juntos, Ungría ha vivido una transformación forzada por las circunstancias y por el deseo de estar presente en la vida de su hija.
En sus propias palabras, Ungría admite que durante los primeros años tras la ruptura, cuando Camila apenas tenía dos años, su dedicación al trabajo y la gestión de su restaurante le alejaron de la rutina diaria de la niña. “Su madre se ocupaba más de la niña que yo por motivos evidentes”, reconoce, dejando entrever que la conciliación no siempre fue sencilla. Sin embargo, el empresario relata cómo, al mudarse con su hija tras la separación, tuvo que adaptarse rápidamente a una nueva realidad: “Fue como un intensivo, como meterte en un internado en el que aprendes todo muy rápido”.
Valores y acuerdos pendientes
La principal preocupación de Ungría gira en torno a los valores que quiere transmitir a Camila. Más allá de la logística y los horarios, lo que realmente le inquieta es que su hija crezca siendo “una mujer sensata, con valores y capaz de querer a las personas independientemente de cómo sean”. Pero el reto no termina ahí: el empresario subraya la importancia de que tanto él como Elena Tablada estén alineados en la educación de la pequeña. “Es fundamental que tengamos los mismos valores”, insiste, dejando claro que la coordinación entre ambos progenitores sigue siendo un desafío abierto.
La relación entre Ungría y Tablada, cuatro años después de su separación, sigue marcada por altibajos y asuntos pendientes. Aunque han tenido que verse en los juzgados en más de una ocasión, el empresario reconoce que han aprendido a asumir la situación y a priorizar el bienestar de Camila. “Sigue habiendo pequeños flecos que hay que solventar, pero confío en que, por el amor que le tenemos a nuestra hija, lleguemos a un acuerdo”, afirma, mostrando una actitud pragmática y esperanzada.
Una convivencia mínima, pero necesaria
En este contexto, Ungría visualiza el futuro con una relación “cordial” con Elena Tablada, convencido de que es “lo mínimo” que pueden ofrecerle a su hija. Aunque no espera grandes cambios ni una cercanía forzada, su objetivo es que Camila se sienta cómoda y segura en ambos entornos familiares. “Seguramente nos quedaremos en ese mínimo, pero por lo menos que mi hija esté bien. Ojalá”, concluye, dejando entrever que la prioridad absoluta es la estabilidad emocional de la menor.
Este tipo de situaciones, donde la gestión de la paternidad y la convivencia tras una separación se convierten en tema de conversación pública, no son ajenas al panorama mediático español. Recientemente, otras figuras conocidas han vivido momentos similares, como ocurrió con la despedida familiar de Paula Echevarría en Candás, donde la unión y el respeto marcaron la diferencia en un momento delicado (la reunión familiar en Asturias).
Según datos de Divinity, la historia de Javier Ungría y Elena Tablada sigue generando interés por la forma en que ambos afrontan los retos de la coparentalidad. La discreción de Ungría y la exposición mediática de Tablada convierten cada gesto, cada declaración y cada acuerdo en motivo de análisis y conversación en el entorno social y mediático.