Ser piloto de aviones y helicópteros sin pasar por la universidad no es lo habitual, pero Jesús Calleja lo logró. Antes de hacerse conocido por sus programas de aventura, trabajó como peluquero, mecánico, vendedor de coches y guía de montaña. Ninguno de estos oficios fue casual: cada uno le permitió ahorrar para viajar y explorar, que era su verdadera meta.
No ir a la universidad no significó que Calleja rechazara formarse. Al contrario, según contó en una entrevista con Forbes España, siempre aprendió por su cuenta, movido por la curiosidad y la necesidad de adquirir habilidades prácticas. Aunque pospuso los estudios formales, nunca dejó de prepararse. Así consiguió las cualificaciones necesarias para pilotar aeronaves y liderar expediciones. Fuentes como Talent24h y Sport.es señalan que Calleja fue sumando experiencia práctica y más tarde obtuvo las certificaciones oficiales para pilotar tanto aviones como helicópteros. Su caso muestra que la formación autodidacta también puede abrir puertas en sectores muy regulados.
"Tras cumplir el servicio militar, Calleja compró su primer coche con sus propios ahorros, fruto de su trabajo en la peluquería familiar."
Sport.es
Su primer empleo fue en la peluquería familiar. Allí aprendió el oficio y buscó perfeccionarse viajando a París y Milán, ciudades clave en el sector. Llegó a abrir su propio negocio y a competir profesionalmente, pero la peluquería era solo un medio para costear sus viajes y acercarse al mundo de la aventura.
Después trabajó en talleres mecánicos y concesionarios de coches. Cada cambio de trabajo respondía a una estrategia: ganar dinero mientras sumaba habilidades útiles para el futuro. La montaña y las expediciones fueron su siguiente objetivo. Como guía de alta montaña, Calleja empezó a hacerse un nombre, lo que más tarde le abrió las puertas de la televisión. Según Okdiario, su experiencia como guía en los Pirineos fue clave para consolidar su perfil de aventurero antes de llegar a los medios.
"En 2026, Calleja sigue plenamente activo en televisión y aventura, con nuevos rodajes de Planeta Calleja en Costa Rica y proyectos en los Pirineos, lo que demuestra la vigencia de su carrera y su vínculo con el mundo de la exploración."
Diario de León
La formación autodidacta fue una constante. Calleja dedicó años a estudiar por su cuenta, sobre todo en ciencia, actualidad y economía. Su interés por la lectura y la información le permitió mantenerse al día y ampliar su visión, algo que considera esencial para cualquier profesional que quiera evolucionar fuera de los caminos habituales.
En 2009, Calleja dio un paso importante al fundar junto a María Ruiz Calzado la productora Zanskar Producciones, centrada en contenidos de no ficción sobre viajes, ciencia y cultura. De ahí nacieron formatos como Planeta Calleja y Volando Voy, que consolidaron su imagen como referente en la aventura televisiva.
El caso de Calleja desmonta la idea de que la universidad es el único camino válido hacia el éxito profesional. Su trayectoria muestra que la reinvención y la formación continua pueden ser igual de determinantes. No se trata de rechazar la educación formal, sino de entender que existen otras rutas, sobre todo para quienes tienen claro su objetivo y están dispuestos a trabajar en distintos oficios para alcanzarlo.
La historia de Calleja también refleja una realidad común en el mercado laboral: el primer empleo rara vez define la carrera definitiva. En su caso, la peluquería y la venta de coches fueron etapas necesarias antes de dedicarse a la montaña, la televisión y la producción audiovisual. Hoy sigue vinculado a la aventura y la comunicación, dos mundos que logró unir gracias a una estrategia de aprendizaje constante y adaptación.
En España, donde el debate sobre la formación universitaria y la empleabilidad sigue abierto, el recorrido de Calleja ofrece una perspectiva distinta. No es un modelo para todos, pero sí una prueba de que la pasión, la disciplina y la capacidad de reinventarse pueden abrir puertas incluso en sectores tan exigentes como la aviación y la televisión. La clave está en no dejar de aprender, aunque el camino no pase por una facultad.