Junts intensifica su distanciamiento del Gobierno central, pero rechaza apoyar una moción de censura. La estrategia de equidistancia enfrenta riesgos en un escenario político cada vez más polarizado.
La formación Junts ha endurecido en los últimos meses su postura en el Congreso, marcando distancias con el Gobierno central y exigiendo el fin anticipado de la legislatura. Míriam Nogueras, portavoz del grupo, ha reiterado públicamente que Pedro Sánchez ya no cuenta con el respaldo de Junts y que debería abandonar el cargo. Sin embargo, la dirección del partido reconoce que existen límites claros a su estrategia: no pueden respaldar una moción de censura que, de prosperar, convertiría a Núñez Feijóo en presidente, ni siquiera si el objetivo fuera convocar nuevas elecciones.
Esta posición ha obligado a Junts a maniobrar con cautela. Aunque sus votos fueron decisivos para la investidura de Sánchez, ahora se ven incapaces de provocar su caída sin asumir un coste político elevado. La llamada “vía Starmer”, propuesta como alternativa para forzar un cambio de ciclo sin comprometerse con la moción de censura, ha tenido escaso recorrido y ha evidenciado las dificultades del partido para encontrar una salida viable a la actual situación parlamentaria.
En paralelo, Junts parece haber activado la maquinaria electoral, repitiendo la estrategia de anteriores comicios: responsabilizar a ERC de una supuesta sumisión al PSOE y presentarse como el partido capaz de obtener beneficios concretos para Cataluña gracias a su posición clave en el Congreso. Sin embargo, esta táctica parte de la premisa de que Junts mantendrá su peso decisivo en la próxima legislatura, algo que las proyecciones de voto ponen en duda ante la posible pérdida de escaños.
El contexto político actual, marcado por una fuerte polarización entre dos bloques enfrentados, complica aún más la apuesta de Junts por la equidistancia. El tradicional mensaje de “ni dretes ni esquerres, Catalunya” podría perder fuerza si el electorado percibe que la única alternativa a Sánchez es un gobierno de las dos derechas. En este escenario, la ambivalencia de Junts, que critica al Ejecutivo pero evita provocar su caída, podría traducirse en una fuga de votos en futuras elecciones.
Según los últimos análisis, la posición de Junts refleja el dilema de los partidos bisagra en sistemas parlamentarios fragmentados: su capacidad de influencia depende de mantener el equilibrio entre los grandes bloques, pero en contextos de alta polarización ese margen se reduce. El barómetro del CEO, pendiente de publicación, será clave para medir el impacto real de esta estrategia. En Cataluña, la competencia entre Junts y ERC sigue siendo determinante para la configuración de mayorías en el Congreso y para el papel de los partidos catalanes en la política nacional.
En el sistema político español, la moción de censura es el único mecanismo parlamentario que puede forzar la caída de un presidente del Gobierno. Para prosperar, requiere mayoría absoluta y la presentación de un candidato alternativo. En la actual legislatura, la fragmentación del Congreso ha dado a partidos como Junts un papel relevante en la gobernabilidad, aunque ese peso puede variar según los resultados de las próximas elecciones. La estrategia de Junts, basada en la obtención de concesiones puntuales, ha sido comparada en ocasiones con la política de “peix al cove” practicada en el pasado por otras formaciones catalanas.