Kandy García, conocida como la Abuelita Mochilera, ha visitado más de 70 países sola tras jubilarse. Viaja ligera, sin lujos y apuesta por la vida local, inspirando a mayores a romper miedos y empezar nuevos proyectos a cualquier edad.
Kandy García, a sus 91 años, sigue cruzando fronteras con una mochila de apenas cinco kilos y una determinación poco común. Tras dejar su carrera de abogada a los 65, decidió cumplir la promesa que se hizo a sí misma: recorrer el mundo sin depender de lujos ni de itinerarios cerrados. Hoy suma más de 70 países visitados, siempre sola, siempre ligera y sin miedo a lo desconocido.
Su forma de viajar rompe con la imagen tradicional de la jubilación. Kandy, criada en San Sebastián y residente durante años en Granada, optó por el transporte público, los hostales sencillos y la comida callejera para acercarse a la vida real de cada destino. Su primer gran viaje la llevó de Argentina a la India, país al que ha regresado cerca de treinta veces y que considera uno de sus favoritos.
Viajar sin miedo ni equipaje
La llaman Abuelita Mochilera desde hace más de dos décadas, cuando sorprendía a otros viajeros por su independencia y su capacidad de adaptación. En tiempos en que las redes sociales apenas existían, su historia ya circulaba entre mochileros y curiosos. Hoy, miles de personas siguen sus pasos en Instagram, aunque ella rechaza convertir sus aventuras en negocio: "Ya tengo mi pensión, no busco publicidad", afirma.
Su filosofía es clara: "Prefiero cansarme que oxidarme". Para Kandy, viajar no es solo ver monumentos, sino mezclarse con la gente, aprender costumbres y aceptar la improvisación. Lava su ropa cada noche, nunca factura equipaje y elige siempre el transporte local. Comer en la calle es, para ella, la mejor manera de entender un país.
Inspirar a otras mujeres
Desde los 80 años, Kandy organiza viajes para mujeres mayores que desean lanzarse a la aventura pero no se atreven a hacerlo solas. La idea surgió tras escuchar a jóvenes mochileras contarle que sus madres soñaban con viajar, pero sentían miedo. Así, ha acompañado a otras mujeres a descubrir nuevos países y a recuperar la ilusión, como ocurrió con una viajera que, tras perder a un hijo, encontró en el viaje una nueva energía.
En tres décadas de rutas, Kandy ha vivido momentos difíciles, pero asegura que las experiencias positivas superan cualquier susto. Ha convivido con maoríes en Nueva Zelanda, compartido tiempo con comunidades mapuches en Chile y guaraníes en Argentina, y aprendido a valorar los encuentros humanos por encima de las compras o el confort.
La jubilación como punto de partida
Para Kandy, la jubilación no es un final, sino el inicio de una etapa llena de posibilidades. "La vida empieza en la jubilación", repite. No todo pasa por viajar: estudiar, hacer deporte, emprender un proyecto artístico o cumplir un sueño pendiente son, para ella, opciones igual de válidas. Lo esencial es mantener la motivación y no dejarse frenar por la edad.
Su ejemplo conecta con otras historias de reinvención en la madurez, como la de quienes, tras una carrera profesional, deciden explorar nuevos caminos. En este sentido, resulta interesante el caso de una arquitecta española que, tras dejar su profesión, gestiona ahora una veintena de viviendas en alquiler en Francia y Reino Unido, demostrando que los nuevos comienzos no tienen fecha de caducidad (más detalles aquí).
Tras regresar de Uzbekistán, Kandy ya planea sus próximos destinos: Vietnam y Sri Lanka figuran en su lista. "Tengo tantas cosas que hacer que no me da tiempo a envejecer", resume. Su historia es, sobre todo, una invitación a mirar la edad como una oportunidad y no como un límite.