La Reserva Federal ha subido los tipos de interés en Estados Unidos en 25 puntos básicos, situando el precio del dinero entre el 3,75% y el 4%. La medida, aprobada por unanimidad por la Junta de Gobernadores y efectiva desde el 17 de septiembre de 2026, pone fin a más de tres años sin incrementos y llega en plena campaña para las elecciones de medio mandato, donde los republicanos se juegan el control del Congreso.
El presidente de la Fed, Kevin Warsh, lleva solo cuatro meses en el cargo. Con esta decisión, deja claro que la política monetaria no se pliega a presiones externas, ni siquiera a las del presidente Donald Trump, que había mostrado su rechazo a cualquier subida antes de los comicios. Warsh, nombrado por Trump y conocido por su perfil conservador, ha optado por priorizar el control de la inflación, aunque eso incomode a la Casa Blanca.
La subida de tipos de la Fed es la primera desde julio de 2023, marcando el fin de una larga pausa en el endurecimiento de la política monetaria estadounidense.
La decisión responde a una inflación que lleva más de cinco años sin acercarse al objetivo del 2%. Según los últimos datos del Bureau of Labor Statistics, la inflación en agosto de 2026 fue del 3,4% interanual, con un aumento mensual del índice de precios al consumidor (CPI) del 0,4%. La inflación subyacente (core CPI) subió un 0,3% en el mismo periodo, lo que refuerza la necesidad de una política más restrictiva.
Warsh ya había advertido en la reunión de Jackson Hole que la estabilidad de precios era una responsabilidad ineludible para la Reserva Federal y que, si la inflación no daba señales claras de moderación, habría que actuar. En su comunicado, la Fed insiste en que la inflación sigue alta y reitera su objetivo de devolverla al 2%, endureciendo el tono respecto a meses anteriores, según recogen EFE y otros medios económicos.
Trump no ha ocultado su malestar. En los días previos a la decisión, amenazó con paralizar parte del comercio estadounidense si la Fed no recortaba drásticamente los tipos. Incluso llegó a decir que dejaría de comerciar con países con los que Estados Unidos mantiene déficit, apoyándose en una reciente decisión del Tribunal Supremo sobre aranceles. Desde el Despacho Oval, pidió "patriotismo" a la Fed y criticó que otros países disfruten de intereses más bajos.
La reacción de los mercados y analistas ha sido interpretar que la Fed actúa en función de los datos de inflación y no del calendario político, reforzando su independencia institucional en un contexto de presión desde la Casa Blanca.
La subida no ha sorprendido a los mercados ni a los economistas, que ya la esperaban tras las declaraciones de Warsh en agosto. El contexto internacional, marcado por la guerra en Irán y el conflicto en Yemen, ha mantenido el precio del petróleo por encima de los 100 dólares, encareciendo la gasolina y alimentando la presión inflacionista en Estados Unidos.
La unanimidad en la Junta de Gobernadores refuerza la legitimidad de la medida, que probablemente recibirá críticas de sectores afines a Trump. Además, la Fed deja abierta la puerta a nuevas subidas este año: todos los miembros menos dos prevén más incrementos, y cuatro anticipan incluso dos subidas adicionales antes de que termine el ejercicio.
El enfrentamiento entre la Reserva Federal y la Casa Blanca pone a prueba la independencia del organismo en un momento de máxima presión política. La decisión de Warsh busca frenar la inflación y preservar la credibilidad de la Fed como garante de la estabilidad económica, incluso si eso implica enfrentarse a quien lo nombró. En un contexto donde el empleo sigue fuerte pero los precios no ceden, la apuesta de la Fed por la ortodoxia monetaria puede influir en futuras decisiones económicas en Estados Unidos y otros países occidentales. La autonomía de la Reserva Federal, refrendada por el Tribunal Supremo, es clave para la confianza de los mercados y la previsibilidad de la economía global, como señala el análisis de Agencia EFE.