El cangrejo de río ibérico enfrenta una crisis sin precedentes: la sequía extrema reduce su hábitat y favorece la expansión de enfermedades y especies invasoras. Científicos alertan sobre el riesgo real de desaparición local.
En los últimos veranos, la imagen de pozas cada vez más pequeñas y calientes en los ríos españoles se ha vuelto habitual. Allí, el cangrejo de río ibérico, una especie autóctona y emblemática, queda atrapado sin posibilidad de escapar. La reducción drástica del caudal, agravada por la sequía persistente, convierte estos refugios en trampas mortales: el agua se calienta rápidamente, el oxígeno escasea y la competencia por el alimento se intensifica. Cuando la última poza se seca, la población local desaparece sin opción de recolonización.
La situación es especialmente crítica porque los núcleos de Austropotamobius pallipes en España están muy fragmentados y aislados, según la estrategia estatal de conservación aprobada en 2024. Aunque el cangrejo de río ibérico aún sobrevive en 13 comunidades autónomas, la mayoría de sus poblaciones resiste en cabeceras de ríos y pequeños tramos fluviales, separados por barreras físicas o largos tramos secos. Incluso extracciones de agua aparentemente insignificantes pueden ser fatales en arroyos que apenas mantienen unos litros por segundo durante el verano.
Enfermedades y amenazas
La sequía no es el único enemigo. La concentración de ejemplares en espacios reducidos facilita el contacto con especies invasoras, como el cangrejo rojo americano y el cangrejo señal, portadores crónicos del hongo Aphanomyces astaci, responsable de la afanomicosis o peste del cangrejo. Para el cangrejo ibérico, la exposición a este patógeno suele ser letal, aunque se han detectado algunos individuos con cierta resistencia, lo que abre una esperanza para los programas de cría y reintroducción.
Un estudio del CSIC publicado en 2023, basado en más de 1.200 muestras de seis países europeos, reveló una alta diversidad genética en las poblaciones del norte y centro-este de la península. Sin embargo, el origen exacto de la especie sigue en debate científico: investigaciones recientes sugieren que los cangrejos españoles podrían proceder de Italia y pertenecer a Austropotamobius fulcisianus. Mientras tanto, la estrategia nacional prioriza el seguimiento coordinado, el control de invasoras, el rescate de ejemplares en situaciones críticas y la recuperación de hábitats.
Identificación y prevención
Distinguir al cangrejo de río ibérico de los invasores es clave para su protección. El autóctono presenta un dorso pardo, grisáceo u oliváceo y una zona ventral más clara, con patas y pinzas del mismo tono. Suele alcanzar hasta 12 centímetros. El cangrejo señal se reconoce por una mancha blanca o azulada junto a la articulación de cada pinza, mientras que el rojo americano destaca por sus tonos rojizos intensos, pinzas espinosas y caparazón cubierto de tubérculos.
Ante la aparición de mortandades anómalas, las autoridades recomiendan avisar a los servicios medioambientales y evitar trasladar animales, agua o aparejos húmedos entre diferentes cauces, para no propagar la afanomicosis. La protección de especies autóctonas y sus hábitats es una obligación legal en España, como recuerda la normativa que también protege los nidos de aves silvestres y que puede acarrear sanciones de hasta 200.000 euros, según se detalla en este análisis sobre la retirada de nidos protegidos.
Contexto y perspectivas
El cangrejo de río ibérico figura como “En Peligro” en la Lista Roja de la UICN y está incluido en los anexos II y V de la Directiva de Hábitats. Su desaparición supondría una pérdida ecológica significativa, ya que cumple un papel esencial en el equilibrio de los ecosistemas fluviales. La combinación de sequía, enfermedades y presión de especies invasoras dibuja un escenario incierto para su futuro. La continuidad de la especie dependerá de la eficacia de las medidas de conservación, la gestión responsable del agua y la implicación de la sociedad en la protección de los ríos y su biodiversidad.