En el País Vasco expiden los primeros certificados adaptados de euskera para personas con discapacidad. En el País Vasco ya es posible obtener un certificado oficial de euskera adaptado a las capacidades individuales. Las nuevas reglas permiten que las personas con discapacidad acrediten únicamente aquellas competencias lingüísticas que les sean accesibles. Es la primera experiencia de este tipo en España.
En el País Vasco se ha comenzado oficialmente a expedir certificados adaptados de euskera para personas con discapacidad. Ahora, los candidatos pueden acreditar solo aquellas competencias lingüísticas que se corresponden con sus capacidades o los requisitos de su trabajo. Esta medida es la primera de su tipo entre todas las autonomías de España y ya ha permitido que varias decenas de personas obtengan el reconocimiento de sus conocimientos.
Los cambios en el sistema de exámenes entraron en vigor tras la revisión del decreto regional hace dos años. Desde entonces, más de diez personas con discapacidad han realizado los exámenes según el nuevo esquema. Por ejemplo, Raúl Anta, funcionario de la administración pública de Bilbao, pudo obtener el certificado de nivel B2, acreditando habilidades de lectura y escritura, pero sin la parte oral ni auditiva. Para las personas con trastornos mentales, por el contrario, el examen se limita a la parte oral. También se ha eliminado el límite de tiempo para completar las pruebas en el caso de estos candidatos.
En 2024, se presentaron 26.548 personas a los exámenes de euskera de nivel medio y alto; el año anterior la cifra fue de 28.032. El nivel C1 sigue siendo el más concurrido. En dos años, 14 estudiantes aprovecharon la posibilidad de realizar el examen de forma parcial: cinco en el nivel B1 y nueve en B2. De ellos, superaron la prueba dos en B1 y cinco en B2, incluido Anta.
El nuevo sistema no solo tiene en cuenta la discapacidad, sino que también adapta el examen a las tareas reales en el puesto de trabajo. Por ejemplo, un empleado que trabaja con personas puede acreditar un alto nivel de expresión oral y comprensión auditiva, pero un nivel medio en escritura y lectura. Este enfoque se denomina “examen asimétrico”. Según las autoridades, de momento no existen equivalentes oficiales para el español, el catalán ni el gallego. En otras regiones, pueden aplicarse ciertas flexibilizaciones para personas con discapacidad, pero estas no otorgan un certificado oficial válido para futuros concursos o ascensos.
El director de HABE (Instituto de enseñanza para adultos del euskera), Jokin Askue, señala que la división de competencias por niveles refleja mejor los requisitos reales de los puestos. Según afirma, aprender euskera requiere más tiempo que gallego o francés, y el nuevo sistema permite que los funcionarios incrementen sus competencias lingüísticas de forma gradual y opten a vacantes sin tener que esperar a dominar todas las destrezas.
El trabajo en la reforma comenzó ya durante la pandemia. Como recuerda el presidente de la federación de asociaciones de personas sordas del País Vasco, Aitor Bedialauneta, las discusiones se prolongaron, pero finalmente la decisión permitió que muchos obtuvieran el certificado en igualdad de condiciones. Destaca que en las personas sordas el proceso de aprendizaje es diferente, y el examen debe tener en cuenta estas particularidades.
Las autoridades regionales reconocen que, para una implementación completa de la reforma, es fundamental que en cada euskaltegi (escuela de euskera) haya un especialista capaz de acompañar a personas con discapacidad. No se trata solo de intérpretes de lengua de signos, sino también de apoyo metodológico que tenga en cuenta la capacidad auditiva residual y otros matices. Según los representantes de la comunidad, la clave del éxito no está solo en las adaptaciones técnicas, sino también en la creación de un entorno seguro para el aprendizaje.
La lengua de signos en el País Vasco tiene sus propias particularidades, aunque oficialmente se considera un dialecto de la lengua de signos española. Incluye localismos únicos y elementos culturales que reflejan la identidad de la región. Para muchos sordos que no dominan el euskera, esto supone una barrera adicional para la integración.
Las cuestiones de adaptación de los exámenes y el reconocimiento de competencias lingüísticas para diversos grupos de población cobran cada vez más relevancia en el contexto de los cambios en la política migratoria y social de España. Por ejemplo, en Barcelona, los extranjeros sin vivienda se enfrentan a dificultades para tramitar los documentos necesarios para su regularización; para más detalles consulta el artículo sobre las nuevas barreras para migrantes sin hogar.
A modo de referencia: el euskera es una de las lenguas más antiguas de Europa y no pertenece a ningún grupo indoeuropeo. En el País Vasco tiene estatus oficial junto al español. Los certificados de euskera son requeridos para trabajar en organismos públicos, así como para ascender en la carrera profesional. El nuevo sistema de reconocimiento de competencias lingüísticas podría servir de ejemplo para otras regiones del país.