El reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental por parte de Estados Unidos en 2020, bajo la administración de Donald Trump, cambió el equilibrio diplomático en el norte de África. Marruecos, hasta entonces una potencia regional emergente, logró situar su propuesta de autonomía en el centro del debate internacional. Esto desplazó la tradicional neutralidad de la ONU y llevó a países como Francia, Reino Unido y Alemania a revisar sus posiciones.
El respaldo de Washington no solo supuso un cambio en la política exterior estadounidense, sino que también desencadenó una reacción en cadena. La abstención de Rusia y China en el Consejo de Seguridad permitió que la resolución 2797 avanzara sin vetos, consolidando la iniciativa marroquí. Marruecos, con poco más de 38 millones de habitantes y un PIB inferior al español, se ha convertido en el mayor importador de armas de África, superando a Argelia, su principal rival regional. El 60% de su armamento proviene de Estados Unidos, mientras que Francia ha perdido peso tras la reanudación de relaciones entre Rabat e Israel.
En la votación de la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU en octubre de 2025, Argelia no participó, mientras que Rusia, China y Pakistán se abstuvieron y no hubo vetos, permitiendo su aprobación.
La normalización con Israel, en el marco de los Acuerdos de Abraham, ha dado a Marruecos acceso a tecnología militar avanzada, como el sistema antimisiles Barak MX y satélites espía Ofek 13. También ha fortalecido la cooperación en ciberseguridad y defensa. Este acercamiento se apoya en la histórica presencia de la comunidad judía marroquí y en intereses estratégicos compartidos. Las maniobras conjuntas y los acuerdos de defensa han reforzado la posición de Rabat en el escenario internacional.
En Europa, la postura de España ha cambiado de forma notable. En 2022, Pedro Sánchez reconoció en Rabat que la propuesta de autonomía bajo soberanía marroquí era la opción "más seria, realista y creíble" para el conflicto del Sáhara. A cambio, ambos países acordaron evitar reclamaciones unilaterales sobre Ceuta y Melilla, aunque la tensión sobre estas ciudades autónomas sigue presente, especialmente en periodos electorales y crisis migratorias como la de Ceuta en 2021.
Según medios internacionales, la resolución 2797 del Consejo de Seguridad de la ONU, adoptada el 31 de octubre de 2025, marcó un punto de inflexión diplomático al describir la "autonomía genuina bajo soberanía marroquí" como la solución más realista para el Sáhara Occidental, aunque sin equivaler a un reconocimiento formal de la soberanía de Marruecos. En enero de 2026, los gobiernos europeos, en coordinación con Marruecos, declararon que la autonomía podría ser una de las bases más realistas para resolver el conflicto, pero sin llegar a reconocer oficialmente la soberanía marroquí sobre el territorio. Alemania respaldó públicamente en agosto de 2026 el marco de cooperación UE-Marruecos sobre el Sáhara y no presentó objeciones, consolidando la tendencia europea de apoyo a la autonomía como base negociadora. Dinamarca también reafirmó en septiembre de 2026 su apoyo al plan de autonomía marroquí y celebró la resolución 2797, ampliando el grupo de países que expresan su respaldo en términos de autonomía y no de soberanía, según reportes de Morocco World News y otros medios especializados.
El estatus internacional del Sáhara Occidental sigue siendo objeto de disputa: la ONU lo clasifica como un territorio no autónomo y su soberanía es reclamada tanto por Marruecos como por el Frente Polisario. La cuestión de Ceuta y Melilla ha vuelto a tensar las relaciones entre España y Marruecos en septiembre de 2026, con Madrid intensificando señales simbólicas y convocando al embajador marroquí tras declaraciones sobre las ciudades autónomas.
La estrategia exterior de Marruecos se ha centrado en consolidar apoyos en África y América Latina. La apertura de consulados en El Aaiún y Dajla, así como la reintegración en la Unión Africana en 2016, han fortalecido su influencia en el continente. En América Latina, países como Colombia han reconocido la soberanía marroquí sobre el Sáhara, siguiendo la tendencia de otros gobiernos conservadores de la región.
El avance diplomático de Rabat se refleja en acuerdos económicos con Rusia y China, que han mostrado interés en los recursos pesqueros y en la instalación de industrias tecnológicas en territorio marroquí. Sin embargo, la cuestión del Sáhara sigue siendo el eje central de la política exterior del país y condiciona cualquier apertura o cooperación con otros Estados.
La resolución 2797 del Consejo de Seguridad, aprobada en octubre de 2025, no eliminó la Misión de Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (Minurso), pero sí reforzó la centralidad del plan de autonomía marroquí. El proceso de negociación impulsado por Estados Unidos a principios de 2026 ha perdido fuerza, especialmente tras el inicio de la guerra de Irán, y la consulta sobre autodeterminación sigue sin fecha concreta.
En este contexto, la reivindicación sobre Ceuta y Melilla permanece en un segundo plano, aunque reaparece en el discurso político marroquí en momentos de tensión. La prioridad de Rabat sigue siendo lograr el reconocimiento internacional pleno de su control sobre el Sáhara Occidental, mientras que la cuestión de las ciudades autónomas españolas se utiliza como herramienta de presión o movilización interna.
El caso marroquí muestra cómo un cambio de postura de una gran potencia puede alterar décadas de equilibrios diplomáticos y abrir nuevas vías de influencia regional. La combinación de respaldo militar, alianzas estratégicas y presión diplomática ha permitido a Marruecos avanzar posiciones que hasta hace poco parecían fuera de alcance. La estabilidad de estos logros dependerá de la evolución de las alianzas internacionales y de la capacidad de Rabat para gestionar las tensiones con sus vecinos y socios europeos. El futuro del Sáhara Occidental y la relación con España seguirán marcando la agenda exterior marroquí en los próximos años.