Miguel Indurain, leyenda del ciclismo español, desvela cómo era la alimentación de los corredores en los años noventa. Sin geles ni barritas, los ciclistas afrontaban etapas duras con recursos sencillos y hábitos muy distintos a los actuales.
Un bocadillo de jamón y queso en plena etapa. Así resume Miguel Indurain la realidad de la alimentación ciclista en los años noventa, cuando la nutrición deportiva era mucho menos sofisticada que hoy. El cinco veces ganador del Tour de Francia ha recordado cómo, durante su época profesional, los corredores afrontaban jornadas extenuantes sin geles energéticos ni barritas, confiando en alimentos tradicionales y en la improvisación de cada día.
Indurain, que dominó el ciclismo mundial entre 1991 y 1995 y sumó también dos Giros de Italia, explica que la preparación nutricional era muy básica. “Durante la etapa, no nos tomábamos barritas ni geles, sino bocadillos de jamón y queso o pasteles”, ha contado el exciclista, subrayando la enorme distancia con los métodos actuales. En aquel entonces, los masajistas del equipo solían encargarse de comprar la comida para los corredores, que muchas veces dependían de lo que encontraban en el camino.
Nutrición y riesgos
La diferencia con el ciclismo moderno es abismal. Hoy, los equipos calculan al milímetro la ingesta de hidratos, proteínas y grasas, adaptando cada menú al esfuerzo previsto y al perfil de la etapa. En los noventa, la falta de planificación podía pasar factura: Indurain reconoce que sufrió varias “pájaras”, esas caídas bruscas de energía que pueden dejar a un ciclista sin fuerzas en plena competición. El frío, la deshidratación o la concentración en la carrera a menudo hacían que se olvidara de comer a tiempo, con consecuencias directas en el rendimiento.
La dieta de un campeón
Fuera de la competición, Indurain mantenía una dieta controlada, basada en pasta, arroz, frutas y verduras, con poca carne roja y huevos. El objetivo era claro: mantener el peso justo para rendir al máximo sobre la bicicleta. Bajo la supervisión médica, llegó a perder varios kilos de forma progresiva, una disciplina que formaba parte de la exigencia de la élite. Entre 1985 y 1996, el navarro construyó uno de los palmarés más impresionantes del deporte español.
Salud y hábitos actuales
Hoy, a sus 61 años, Indurain sigue cuidando su alimentación, aunque por motivos distintos. El exciclista convive desde hace años con el colesterol alto, una condición que ya tenía en su etapa profesional. Por ello, mantiene una dieta mediterránea equilibrada y continúa practicando ejercicio, aunque sin la intensidad de antes. Ya no sigue entrenamientos específicos, pero no ha dejado de salir en bicicleta siempre que puede.
El cambio en la cultura ciclista
El testimonio de Indurain ilustra hasta qué punto ha evolucionado la nutrición en el deporte de alto nivel. De los bocadillos improvisados a los geles energéticos y los planes personalizados, la alimentación se ha convertido en una herramienta estratégica para competir. Este cambio no solo afecta al ciclismo: la preocupación por la seguridad alimentaria y la calidad de los productos también ha crecido en la sociedad, como demuestra el reciente debate sobre la conservación de frutas frescas en supermercados, donde expertos advierten sobre los riesgos de consumir sandía o melón cortados sin refrigerar.
La experiencia de Indurain permite entender cómo la ciencia y la tecnología han transformado la preparación de los deportistas, pero también recuerda que, hace apenas unas décadas, el éxito dependía tanto de la fuerza física como de la capacidad de adaptarse a lo que había disponible en cada etapa.