El ejército español coordina la salida de cientos de jóvenes marroquíes tras la llegada de 40.000 personas en solo 24 horas. La presión migratoria transforma la vida en la ciudad autónoma.
Ceuta vive una situación sin precedentes tras la entrada de unas 40.000 personas en apenas un día. Desde la madrugada, centenares de migrantes que habían cruzado de forma irregular han comenzado a regresar a Marruecos, guiados por militares españoles a través del espigón fronterizo. El flujo de retornos no deja de crecer, impulsado por la saturación en la ciudad y la falta de recursos básicos para los recién llegados.
Muchos jóvenes explican que deciden volver porque no encuentran alojamiento ni comida, y denuncian que algunos comercios y bares solo atienden a residentes locales. Además, varios relatan episodios de hostilidad en barrios donde han sido amenazados o agredidos por vecinos. La presión sobre los servicios y el ambiente tenso han convertido parques y espacios públicos en improvisados dormitorios, con decenas de menores y adultos durmiendo al raso y soportando el frío nocturno.
El espigón que separa Ceuta de Marruecos se ha transformado en un punto de paso constante, tanto para quienes intentan entrar nadando con flotadores como para quienes deciden regresar. Militares y guardias civiles se limitan a controlar y orientar los movimientos, mientras en la frontera legal se acumulan vehículos militares y la vigilancia se ha reforzado. Entre los que regresan destaca el caso de Salma Zoubiri, una joven enfermera marroquí de 21 años, que afirma que prefiere volver a Marruecos tras comprobar las dificultades en Ceuta.
La ciudad autónoma ha amanecido con una imagen insólita: cientos de jóvenes deambulan por las calles, cargando bolsas de plástico, mientras los parques y zonas cercanas a la playa se llenan de personas exhaustas. El despliegue militar y la acumulación de basura en barrios como El Príncipe refuerzan la sensación de crisis. La situación recuerda a la vivida en mayo de 2021, aunque la magnitud actual supera ampliamente aquella oleada migratoria, cuando se estimó la entrada de más de 10.000 personas.
El balance provisional es grave: al menos 19 personas han fallecido intentando bordear a nado el espigón fronterizo. Según algunas fuentes, el número total de entradas podría acercarse a 50.000, lo que supondría un aumento del 50% sobre la población censada en Ceuta, que ronda los 83.600 habitantes. La presión migratoria ha obligado a las autoridades a reforzar la coordinación con Marruecos y a priorizar la salida ordenada de quienes desean regresar.
La crisis actual ha puesto a prueba la capacidad de respuesta de las fuerzas de seguridad y los servicios sociales en Ceuta. El ejército español, junto a la Guardia Civil, mantiene el control de los accesos y facilita el retorno de los migrantes, en un contexto de tensión creciente. Esta situación se produce poco después de que la llegada masiva de migrantes desbordara a la Guardia Civil, como ya se analizó en un reciente informe sobre la presión migratoria en la frontera.
Ceuta, enclave estratégico en la frontera sur de Europa, se enfrenta a un reto humanitario y logístico de gran envergadura. La gestión de la crisis migratoria en la ciudad autónoma suele depender de la cooperación entre España y Marruecos, así como de la capacidad de las autoridades locales para atender emergencias. El fenómeno migratorio en la zona ha experimentado picos recurrentes en los últimos años, pero la magnitud de la entrada registrada en las últimas 24 horas no tiene precedentes recientes. La situación sigue evolucionando y las autoridades mantienen la alerta ante posibles nuevos movimientos en la frontera.