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Oktoberfest pone a Múnich en el centro de la fiesta más codiciada

Oktoberfest pone a Múnich en el centro de la fiesta más codiciada Español.News © espanol.news
Oktoberfest pone a Múnich en el centro de la fiesta más codiciada © espanol.news
Más de 7,4 millones de personas han tomado Múnich durante 16 días para vivir la Oktoberfest, donde ni la fama ni el dinero aseguran una mesa privilegiada. La fiesta bávara se reinventa cada año y sigue siendo el escenario más democrático y desinhibido de Europa.

Un magnate canadiense con la cartera llena, estrellas como Harry Kane, Manuel Neuer, Schwarzenegger, Xabi Alonso o Russell Crowe: ninguno ha logrado colarse en los reservados más codiciados de la Oktoberfest. Este año, la fiesta bávara ha dejado claro que aquí no hay atajos. La tradición y la paciencia pesan más que cualquier apellido famoso o cuenta bancaria abultada.

Septiembre tras septiembre, Múnich se transforma, y el tirón de la Oktoberfest no afloja. Más de 7.400.000 personas han pasado por la ciudad en solo 16 días, según datos de La Otra Crónica y el balance oficial del Ayuntamiento de Múnich. El récord supera de largo los 6,5 millones de 2025 y los 7,2 millones de 2023. Así, la Oktoberfest se reafirma como el mayor evento popular de Europa. El salto se notó sobre todo entre semana: la primera semana subió un 18,5% y la segunda un 28,9%, según cifras municipales y reportes de la Agencia EFE.

La zona histórica Oide Wiesn atrajo a 447.000 visitantes en 2026, un salto notable respecto a los 360.000 del año anterior.

Ayuntamiento de Múnich

Entrar a la fiesta no cuesta nada, ni al recinto ni a las carpas. Pero conseguir una mesa reservada, sobre todo en la Paulaner Festzelt o la Käfer Wiesn-Schänke, es otra historia. Allí, una jarra gigante gira sobre el escenario y más de 6.000 personas cantan y bailan sin parar. Ni los nombres más sonados del deporte o el espectáculo han podido saltarse la lista de espera. Todos tienen que pedir su plaza y aguantar el turno, como cualquier otro. El caso del magnate canadiense que intentó comprar un reservado y recibió un 'nein' rotundo se ha convertido en la anécdota estrella de la temporada.

La Oktoberfest va mucho más allá de la cerveza y las canciones pegadizas. El ambiente recuerda a un parque de atracciones para adultos, con torres de caída libre de 80 metros, péndulos que lanzan a los valientes por los aires, el mítico Rotor que pega a los participantes contra la pared y el infame Toboggan, donde subir ocho metros por una cinta transportadora se convierte en hazaña tras varias rondas. Aquí, la borrachera no se esconde: es parte del espectáculo colectivo.

En 2026, el consumo de cerveza llegó a los 6,7 millones de litros (Maß), un 2,7% más que el año anterior. El aumento fue menor que el de la afluencia, pero las bebidas sin alcohol ganaron terreno. Las ventas de cerveza 0,0% subieron un 10,7% y el Weißbier, la variedad de trigo, creció un 12,6%. Los hábitos de consumo se diversifican. Aunque la entrada es libre, conseguir mesa en las carpas sigue exigiendo reserva previa en la mayoría de los casos, y en locales como Käfer Wiesn-Schänke hay restricciones extra.

El récord de 2026 se explica no solo por la atracción internacional de la Oktoberfest, sino también por el fuerte aumento de visitantes en días laborables y el renovado interés por la zona histórica. La presión sobre la infraestructura fue notable: se recogieron unas 105.000 jarras extraviadas y el consumo energético superó los 2,65 millones de kWh.

Agencia EFE

La seguridad y el consumo responsable han pasado a primer plano. Las empresas de alcohol promueven la moderación, la cerveza 0,0% suma adeptos y la vigilancia no baja la guardia: 56 cámaras, drones y unos 200 policías patrullan la zona, según La Otra Crónica. Aun así, las escenas propias de Resacón en Las Vegas se repiten en cada esquina, entre brindis eternos y coreografías improvisadas sobre las mesas.

La música tampoco se queda atrás. Desde himnos bávaros y éxitos de carnaval como Das rote Pferd o 20 Zentimeter, hasta clásicos británicos como Sweet Caroline, Hey Jude o Angels de Robbie Williams, todo entra en el repertorio de las bandas de la Oktoberfest. El omnipresente 'Ein Prosit, ein Prosit der Gemütlichkeit' marca el ritmo del día, mientras el techo azul de la carpa Hacker y el bullicio de la Paulaner Festzelt se convierten en escenarios de una fiesta sin complejos.

Pero si algo define a la Oktoberfest es su espíritu democrático. No hay dress code obligatorio ni miedo al ridículo. Los trajes tradicionales, desde el Dirndl hasta el Janker, se lucen con orgullo por visitantes de todo el mundo, sin importar el origen. Cuanto más folclórico el atuendo, más fácil es integrarse en la atmósfera desprejuiciada de la fiesta. Nadie espera que los forasteros hayan ordeñado vacas en los Alpes para sumarse al desfile de colores y estampados.

En un mundo donde los privilegios suelen abrir todas las puertas, la Oktoberfest mantiene su esencia: aquí, la experiencia se gana con paciencia y ganas de celebrar, no con cheques ni contactos. Por eso la fiesta bávara sigue siendo el gran fenómeno social de cada otoño europeo, donde la igualdad se sirve en jarras y la diversión no entiende de apellidos ni fortunas. Más detalles sobre el impacto y la organización del evento están en el reportaje de 20minutos.

Elena Serrano Español.News
Redacción de España

Elena Serrano

Elena Serrano es periodista especializada en estilo de vida, cultura popular y vida cotidiana en España. Ha trabajado con Estilo Hoy y Gala España, publicando contenidos que combinan entretenimiento con información práctica.