Un agente del CNI sin identificar declara por el caso de los atentados en Cataluña. Por primera vez en la historia de España, un agente operativo del CNI ha testificado en el Congreso. Su identidad permaneció oculta. La sesión está relacionada con la investigación de los atentados en Barcelona y Cambrils.
En Madrid, en una sesión de la comisión parlamentaria que investiga los atentados de Barcelona y Cambrils de 2017, compareció por primera vez un agente operativo en activo del Centro Nacional de Inteligencia (CNI). Su identidad y apariencia permanecieron ocultas: los diputados se comunicaron con él a través de una pantalla negra y su voz fue distorsionada. Esta medida obedece a la ley de secretos oficiales: revelar información sobre agentes de los servicios de inteligencia en España constituye un delito penal.
El motivo de la comparecencia del agente fueron publicaciones en la prensa que afirmaban que el imán de Ripoll, Abdelbaki es-Satty, reconocido como el organizador de los atentados, supuestamente recibía pagos del CNI a través de la oficina de Girona. El propio exjefe de inteligencia en la región negó categóricamente esa vinculación, subrayando que su unidad no tuvo contacto alguno con es-Satty ni realizó ningún tipo de pago. También recalcó que la estructura del CNI se basa en el principio de «necesidad de saber», por lo que no todos los empleados están al tanto de las actividades de otras unidades.
El agente indicó que solo conoció la identidad del imán y sus posibles contactos con la inteligencia después de la tragedia, cuando recibió una llamada de la sede central. Según explicó, el proceso de radicalización de los terroristas pasó desapercibido no solo para los servicios de inteligencia, sino también para el entorno más cercano de los sospechosos. Reconoció que los empleados de la oficina de Girona quedaron conmocionados por lo ocurrido, ya que la célula terrorista se formó precisamente en su área de responsabilidad, pero ninguna de las alertas recibidas en ese periodo estaba relacionada con es-Satty.
Durante la sesión, los diputados se dirigían al agente únicamente como «agente», sin conocer ni su nombre ni su número de identificación. La única persona que vio su rostro fue el principal asesor jurídico del Congreso, quien verificó la identidad del compareciente y recibió un certificado oficial del CNI. Después, el agente fue trasladado a una sala aparte y conectado al pleno a través de un canal cerrado de comunicación. La sesión fue pública, pero la entrada al hemiciclo estuvo controlada por personal de seguridad.
La pregunta sobre el posible traslado del exjefe de la oficina del CNI en Girona a la Embajada de España en Bogotá tras los atentados quedó sin respuesta directa: el agente apeló a la confidencialidad de los documentos oficiales y no confirmó si era militar de carrera. Subrayó que la colaboración entre los servicios de inteligencia, la Policía Nacional y los Mossos d’Esquadra en aquel periodo fue estrecha, y que la crisis política en torno a la independencia catalana no provocó una pérdida de coordinación entre los cuerpos.
Según el agente, todo el material del CNI sobre el caso del imán de Ripoll fue desclasificado y entregado a la comisión parlamentaria. Tras una hora de interrogatorio, algunos diputados seguían teniendo dudas sobre la veracidad de lo escuchado: la falta de contacto visual y la voz distorsionada dificultaron valorar la sinceridad del testimonio. Algunos señalaron que el agente esperaba la traducción de las preguntas del catalán al español, lo que suscitó preguntas sobre su dominio del idioma o su posible deseo de ganar tiempo para responder.
El contexto del caso destaca la complejidad del trabajo de los servicios de inteligencia ante el aumento de las amenazas. En España, la investigación de los atentados en Cataluña se ha convertido en una de las más mediáticas de los últimos años. A modo de comparación, en otros casos de alto perfil relacionados con la actividad de las autoridades, el Parlamento también ha interrogado a testigos clave, como ocurrió durante la investigación de las acusaciones contra el ex primer ministro, detallado en el reportaje sobre la reacción del gobierno al proceso penal contra Zapatero.
Para referencia: el CNI es el principal organismo de inteligencia de España y depende directamente del gobierno. Sus empleados están protegidos por la ley de secretos oficiales, y la revelación de su identidad se castiga con penas de prisión. Los atentados de Barcelona y Cambrils en agosto de 2017 dejaron 16 muertos y fueron el mayor ataque en el país en los últimos años. La comisión parlamentaria sigue trabajando para esclarecer todas las circunstancias de la tragedia y posibles errores en la actuación de los servicios.