Viena demuestra cómo funciona el alquiler masivo sin subidas de precios. La exvicealcaldesa de Viena explicó cómo la ciudad mantiene precios de alquiler accesibles. Viena se ha convertido en un referente para Europa: el 75% de sus habitantes son inquilinos y no propietarios. Este enfoque reduce la tensión social y garantiza la calidad de vida.
Viena sigue siendo una de las pocas grandes ciudades de Europa donde la mayoría de los habitantes prefiere alquilar una vivienda en lugar de comprarla. Según la ex vicealcaldesa de la capital austríaca, Maria Vassilakou, este enfoque permite mantener precios accesibles y prevenir la segregación social. Actualmente, alrededor del 75% de los vieneses viven en apartamentos de alquiler, y el sistema municipal se considera uno de los más eficaces del mundo.
Vassilakou, quien estuvo a cargo de cuestiones de desarrollo urbano, transporte y clima de 2010 a 2019, señala que poseer una propiedad no es un requisito indispensable para llevar una vida digna. Viena lleva décadas invirtiendo en vivienda municipal y cooperativa, lo que permite mantener los precios en un nivel razonable. Según ella, incluso un cambio de poder a favor de partidos de derecha difícilmente conllevaría el abandono de este modelo: está profundamente arraigado en la cultura urbana.
El sistema se basa en tres principios clave: suelos accesibles, préstamos a largo plazo en condiciones favorables para la construcción y subvenciones individuales para los inquilinos. Más de 230.000 viviendas pertenecen a la ciudad y otras 250.000 a cooperativas de beneficio limitado. En estos edificios vive el 62% de la población. En comparación, en España e Italia la proporción de propietarios supera el 70%, lo que supone dificultades adicionales para las familias jóvenes y para quienes no pueden acceder a una hipoteca.
Una característica clave del modelo vienés es la ausencia de límites estrictos de ingresos para los inquilinos. Una familia de cuatro personas puede ganar hasta 115 mil euros al año y aun así tener derecho a una vivienda municipal. Esto evita la formación de guetos y la estigmatización: en un mismo edificio pueden vivir tanto directivos como empleados. Vasilaku destaca que en Viena el alquiler no es un signo de pobreza, sino parte de la vida normal.
La cuestión de si construir nuevas viviendas o utilizar las que están vacías sigue siendo relevante también para España, donde, según el INE, hay alrededor de 3,8 millones de pisos vacíos. Vasilaku considera que la solución óptima puede ser una combinación de ambos enfoques: rehabilitación de edificios vacíos y nueva construcción. En Europa se debate la implantación de un impuesto sobre la vivienda vacía y los ayuntamientos pueden crear cooperativas para gestionar estos inmuebles. Medidas similares ya suscitan interés en Valencia, donde las autoridades invierten activamente en la modernización de infraestructuras — más detalles sobre esto en el reportaje sobre la programa de renovación de escuelas y la lucha contra el calor.
Viena también destaca positivamente por la proporción de jóvenes que viven independizados: este indicador es uno de los más altos de Europa. En Grecia y España, por el contrario, muchos se ven obligados a permanecer en casa de sus padres hasta los 40 años debido a los altos precios y la oferta limitada. Vasilaku está convencida de que la transición gradual hacia el modelo de alquiler y el desarrollo de viviendas cooperativas pueden aliviar la presión en el mercado y dar más libertad a las familias jóvenes.
Para referencia: el sistema vienés se financia mediante un pequeño impuesto sobre la renta (algo más del 1%), que ingresa al presupuesto federal y se redistribuye en favor de los programas urbanos. Además, se utilizan créditos reembolsables y se apoyan en características culturales: la mayoría de los residentes no aspira a la propiedad, lo que permite mantener un parque de viviendas estable y en constante renovación. Esta experiencia resulta cada vez más relevante para España en el contexto del aumento de precios y la escasez de vivienda asequible.