Seat 600: el legendario coche que se convirtió en símbolo de cambio en España. El Seat 600, antaño un popular automóvil familiar, lleva medio siglo estacionado en el campus de la Universidad Complutense de Madrid. Este coche no solo forma parte del paisaje urbano, sino que también es un recordatorio de la época en la que España descubría nuevos horizontes de movilidad y libertad.
En pleno corazón de Madrid, en el campus de la Universidad Complutense, desde hace cincuenta años permanece un automóvil que para muchos españoles se ha convertido en un auténtico símbolo de una época. Se trata del legendario Seat 600, el coche que a mediados del siglo pasado cambió la forma de viajar en familia y se volvió parte inseparable de la vida de miles de familias en todo el país.
El Seat 600, conocido popularmente como «Pelotilla», no era solo un medio de transporte. En su reducido interior cabían padres, hijos e incluso abuelos, y en el techo, maletas y sueños de nuevas aventuras. Este coche fue el compañero de los españoles en sus primeros viajes al mar, a la casa de campo o al pueblo natal, abriéndoles caminos que antes parecían inalcanzables.
Hoy, uno de estos vehículos puede verse en el estacionamiento de la Facultad de Estadística de la Universidad Complutense. Se encuentra bajo una marquesina diseñada por el arquitecto Miguel Fisac, y a lo largo de las décadas se ha convertido en un auténtico artefacto urbano. El coche conserva su color blanco original y la matrícula histórica, típica de los modelos fabricados antes de 1971. En el interior, predomina el minimalismo de otra época: no hay radio ni comodidades modernas, solo una bolsa de El Corte Inglés y algunos productos para el cuidado del vehículo.
La historia de este Seat 600 está estrechamente ligada al destino de la familia Gómez de la Cruz. En 1972, el coche fue adquirido por Víctor, quien trabajaba como conserje en la universidad. Cuidó del vehículo hasta su fallecimiento en 2011, y tras su partida, los familiares decidieron conservar el coche en su lugar original, para que la memoria de él y de toda una época no desapareciera bajo la presión del tiempo y las nuevas tecnologías.
En los años 60 y 70, el Seat 600 se convirtió en un verdadero símbolo de cambio para las familias españolas. Gracias a él, miles de personas emprendieron sus primeros viajes por cuenta propia, descubrieron puertos de montaña y largas carreteras nacionales. A pesar de su tamaño modesto y baja potencia, este vehículo fue el auténtico catalizador de las vacaciones familiares. Los niños se acomodaban en el asiento trasero, el equipaje se ataba en el techo, y por delante esperaban kilómetros de rutas y nuevas experiencias.
Son muchas las historias divertidas y entrañables relacionadas con el Seat 600. Por ejemplo, al subir el puerto de Pajares (Puerto de Pajares), a veces era necesario bajar a los niños para facilitarle al coche la subida. Y en el interior siempre había sitio para un pasajero más, aunque pareciera imposible acomodar a alguien más.
Con el tiempo, el coche dejó de usarse y permaneció en el campus universitario. Sin embargo, la familia de Víctor decidió no retirarlo, sino al contrario: conservarlo como un homenaje a toda una generación para la cual el Seat 600 representó la libertad y las nuevas oportunidades. En 2014 incluso restauraron el coche para que pudiera pasar la inspección técnica, tras lo cual volvió a su lugar bajo la marquesina de Fisac.
Hoy en día, este Seat 600 sigue en su puesto, recordando a los transeúntes y estudiantes aquella época en la que cada viaje por las carreteras de España era una auténtica aventura. Para muchos madrileños y visitantes de la ciudad, este coche se ha convertido en un vivo recordatorio de los cambios que ha experimentado el país y de cómo un simple automóvil puede formar parte de la historia nacional.