El Festival de San Sebastián abre su 74ª edición bajo el signo de las despedidas. José Luis Rebordinos, director del certamen desde 2011, encara sus últimos meses al frente antes de ceder el testigo a Maialen Beloki en 2027. Su salida, marcada por la pandemia y una prórroga inesperada, coincide con el estreno de la que podría ser la última película de Mike Leigh. El cineasta británico, a sus 83 años y afectado por miositis, reconoce que no sabe si podrá volver a rodar.
La edición de 2026 se celebrará del 18 al 26 de septiembre y supondrá el cierre de una etapa de 15 años bajo la dirección de Rebordinos, según han confirmado medios como RTVE y La Vanguardia. El relevo en la dirección está previsto para enero de 2027, cuando Maialen Beloki asumirá oficialmente el cargo.
La película de apertura de este año es 'Ghost Song' de Fatih Akin, mientras que el primer Premio Donostia se otorga a Werner Herzog, marcando un inicio de festival especialmente estelar.
La sección Oficial acoge Tender Loving Care, una tragicomedia fiel al estilo de Leigh, centrada en familias, amistades femeninas y los dilemas de los cuidados en la sociedad actual. El propio director ha dejado claro en medios anglosajones que su estado de salud pone en duda su continuidad tras este estreno. Diversos medios internacionales, como Cinema Express y NPR, señalan que esta podría ser su obra de despedida debido a su enfermedad crónica.
El foco del público, sin embargo, se desplaza hacia otros nombres. El domingo, los Javis presentan La bola negra en la sección Perlak, generando una demanda de entradas que ha superado todas las previsiones. Incluso una gran distribuidora solicitó no coincidir en programación con este pase. El miércoles 23, Brad Pitt llegará para presentar En el corazón de la bestia, aunque el festival descarta entregarle un tercer Donostia, el premio honorífico que este año tampoco recibirá Julianne Moore, ausente por motivos de agenda. Según la agenda oficial, la presencia de Brad Pitt y otras figuras internacionales ha elevado la expectación mediática y la atención del público.
La gestión de la polémica también ha marcado la agenda. Rebordinos recuerda el impacto del documental NAZA y la posición del festival contra el genocidio en Gaza, siendo el único de clase A en emitir un comunicado al respecto. Sin embargo, la rueda de prensa del Donostia a Jennifer Lawrence generó controversia cuando se vetaron preguntas políticas sobre la financiación de Die My Love, vinculada a una empresa israelí de tecnología bélica. Finalmente, la actriz sí respondió en inglés sobre Palestina, calificando la situación de genocidio. Rebordinos asume el error y subraya que la decisión fue de los representantes de la actriz, no del festival.
En la Sección Oficial compiten 17 películas, incluyendo nuevos trabajos de cineastas como Pablo Larraín, Jesse Eisenberg, Nicole Garcia y Hans Petter Moland, lo que refuerza el carácter internacional y diverso del certamen.
En esta edición, no hay títulos con la polémica previa de otros años, como el documental de Jordi Évole con Josu Ternera. Aun así, el festival ha recibido un burofax de los monjes de Cuelgamuros solicitando la retirada de un documental de TVE sobre las criptas de la basílica, donde reposan más de 33.800 personas. Rebordinos insiste en que solo atenderán órdenes judiciales y que no practican censura, aunque respetan la ley.
El director defiende el derecho de los cineastas a no posicionarse públicamente sobre conflictos internacionales, reconociendo que el miedo o la falta de información pueden ser motivos legítimos para no pronunciarse. También critica la falta de memoria histórica en España, señalando la legalidad de Vox y la necesidad de recordar tanto los crímenes de ETA como los de la extrema derecha y las fuerzas de seguridad en los años setenta y ochenta.
El futuro de los festivales se complica por la reducción de presupuestos y la tendencia de las películas a buscar varios certámenes. Rebordinos considera que solo Cannes y Venecia mantendrán su tamaño, mientras San Sebastián ocupa un espacio propio, sin competir directamente con Venecia. Bajo su mandato, el presupuesto del festival creció de 6,5 a 11 millones de euros y la presencia del cine español se consolidó, hasta el punto de que en 2026 tres películas nacionales compiten por la Palma de Oro en Cannes.
Entre los recuerdos que se lleva Rebordinos destacan la visita a una escuela de Mar de Plata donde jóvenes en situación de pobreza rodaban cortos, un desayuno con Hayao Miyazaki en el Studio Ghibli y el momento en que Penélope Cruz recibió el Donostia de manos de Bono, en una entrega inesperada. La importancia de los festivales como escaparate del cine español y espacio de debate queda patente en cada edición, como también ocurre en otros eventos culturales, según reportado antes.
El Festival de San Sebastián se mantiene como uno de los grandes referentes del cine en España y Europa, pese a los desafíos económicos y políticos. La gestión de Rebordinos ha reforzado la proyección internacional del certamen y su papel como plataforma para el cine español. La edición de este año, marcada por la ausencia de homenajes y la presencia de figuras clave, refleja la tensión entre tradición y cambio en el sector. La apuesta por la libertad de expresión y la memoria histórica, junto con la resistencia a la censura, consolidan la relevancia del festival en un contexto de incertidumbre para la industria audiovisual.