La escasez de socorristas se agrava cada verano por condiciones laborales extremas. Jornadas largas, sueldos ajustados y exigencias físicas hacen que muchos abandonen el sector tras pocos años. El problema afecta tanto a playas como a piscinas municipales y privadas.
Once horas bajo el sol, con apenas pausas y salarios que apenas superan el mínimo: así describen su día a día muchos socorristas en España durante la temporada estival. La denuncia, hecha pública por una portavoz de Juventud USO y trabajadora del sector, pone el foco en una realidad que se repite cada verano: la dificultad para cubrir todas las vacantes en playas, piscinas municipales y urbanizaciones.
La joven, que ha compartido su experiencia en un vídeo, subraya la paradoja de asumir una responsabilidad vital —salvar vidas— mientras se enfrentan a condiciones laborales que rozan el límite. “Trabajamos bajo el sol, muchas veces sin sombra, con turnos partidos, poco descanso y sueldos muy bajos”, resume.
Salarios desiguales según el empleador
El salario de un socorrista varía notablemente según el tipo de contrato y el empleador. Quienes consiguen una plaza temporal en un ayuntamiento pueden llegar a percibir entre 1.500 y 1.800 euros brutos al mes, gracias a complementos por peligrosidad o trabajo en festivos. Sin embargo, en el sector privado —urbanizaciones y clubes deportivos— el sueldo base, regulado por el Convenio Estatal de Instalaciones Deportivas, suele situarse entre 1.150 y 1.350 euros brutos mensuales. Tras impuestos, la mayoría apenas supera el Salario Mínimo Interprofesional.
A este panorama se suma el coste de acceso a la profesión: el curso homologado necesario para ejercer puede costar entre 300 y 600 euros, una inversión que los propios trabajadores deben asumir y que, en muchos casos, consume buena parte del primer salario.
Jornadas extenuantes y desgaste físico
Las condiciones físicas tampoco ayudan a retener personal. En muchas piscinas comunitarias, las jornadas pueden alcanzar las 11 horas diarias, con escasos descansos y bajo temperaturas elevadas. No siempre disponen de sombrillas adecuadas ni de sillas ergonómicas para vigilar, lo que incrementa el desgaste físico y mental.
Además, algunos socorristas denuncian que, más allá de las tareas de vigilancia y rescate, se les exige realizar funciones ajenas a su puesto, como controlar el cumplimiento de normas comunitarias o limpiar filtros de las piscinas.
Los sindicatos advierten de los riesgos que implica la falta de personal, especialmente en playas. Las recomendaciones de seguridad establecen que un socorrista no debería permanecer más de dos horas seguidas en la torre para mantener la atención, algo que no siempre se cumple por la escasez de efectivos.
Temporalidad y fuga de profesionales
La inestabilidad laboral es otro de los factores que explican la falta de vocaciones. Más del 85% de los contratos se concentran entre junio y septiembre, y aunque muchos son ahora fijos-discontinuos, la incertidumbre sobre el resto del año sigue siendo la norma.
“Esto no atrae a nadie”, lamenta la portavoz de USO, que denuncia la ausencia de garantías de un salario justo, condiciones dignas y respeto a los derechos laborales. Como resultado, muchos jóvenes solo permanecen en el sector dos o tres veranos antes de buscar alternativas. Para quienes cuentan con experiencia, la salida suele estar en países como Francia o Reino Unido, donde los sueldos pueden duplicar los de España e incluso incluir alojamiento.
Según datos del sector, la falta de socorristas no solo pone en riesgo la seguridad de bañistas, sino que también obliga a cerrar instalaciones o reducir horarios en algunos municipios. El problema, lejos de resolverse, se agrava cada año ante la falta de incentivos y la dureza de las condiciones laborales.