El regreso de dos viajeras navarras desde Indonesia se convirtió en una odisea de cuatro días tras la erupción repentina del volcán Anak Krakatoa. El cierre de seis aeropuertos dejó a cientos de pasajeros sin opciones inmediatas para salir del país. Marta Pina César y su amiga María, que volvían a Pamplona después de unas vacaciones, quedaron atrapadas en el aeropuerto de Yakarta sin información ni ayuda de la aerolínea.
Medios internacionales como Reuters y Antara informaron que el impacto fue mayor de lo que se comunicó al principio: en total, ocho aeropuertos se vieron afectados, incluido el principal de Yakarta, Soekarno-Hatta. Las autoridades indonesias explicaron que la medida era preventiva, tras detectar ceniza volcánica en el espacio aéreo. La prioridad, dijeron, era la seguridad de los vuelos.
El aeropuerto Soekarno-Hatta de Yakarta registró 764 vuelos afectados y al menos 209 cancelaciones en un solo día debido a la erupción.
La situación empeoró cuando, la misma mañana del vuelo, recibieron un aviso de cancelación por riesgo volcánico. No había personal de la compañía en el aeropuerto y la diferencia horaria dificultaba contactar con familiares. Las alternativas, como vuelos a Dubái o Bali, estaban agotadas, así que tuvieron que buscar rutas menos directas y mucho más caras.
Al final, consiguieron billetes a Singapur, pero tuvieron que asumir todos los gastos extra, incluida una noche más de hotel y la pérdida de los trayectos ya pagados desde Madrid a Pamplona. Marta Pina contó que, ante la falta de respuestas, pasó las largas horas de espera presentando reclamaciones con la esperanza de recuperar parte del dinero.
El viaje de vuelta se complicó aún más: tras volar a Singapur, debían hacer escala en Doha antes de llegar a Barcelona, donde les esperaba un tren a Pamplona. Un trayecto que normalmente tomaría menos de un día se alargó a casi cuatro, con la sensación de estar atrapadas sin salida.
Según la agencia AP, el volcán Anak Krakatau mostró signos de actividad desde el viernes, con dos erupciones principales el domingo que duraron 30 y 16 segundos respectivamente. El cierre de los aeropuertos fue temporal y se fue levantando de forma escalonada a medida que se disipaba la ceniza, pero el número de pasajeros afectados superó los 170.000 según distintas fuentes.
La incertidumbre no terminó ahí. Otra amiga, Andrea, que seguía en Lombok, también se vio afectada por la cancelación de vuelos a Yakarta y podría verse obligada a repetir el costoso recorrido. Las autoridades aeroportuarias solo ofrecían volver al día siguiente para ver si había novedades, en una dinámica que recordaba al célebre “Vuelva usted mañana” de Larra.
El episodio muestra la vulnerabilidad de los viajeros ante fenómenos naturales y la falta de respuesta de algunas aerolíneas en situaciones de emergencia. La experiencia de las jóvenes navarras deja claro que, más allá del cansancio y el gasto, la ausencia de información y apoyo puede convertir un incidente puntual en una auténtica odisea. En un contexto donde el turismo internacional sigue creciendo y los riesgos naturales no desaparecen, la protección real del consumidor y la responsabilidad de las compañías aéreas siguen siendo tareas pendientes para el sector.
El volcán Anak Krakatoa, cuya última gran erupción fue en 2018, volvió a alterar el tráfico aéreo en Indonesia, uno de los países con mayor actividad volcánica del mundo. Las cancelaciones masivas de vuelos afectan cada año a miles de turistas, y la legislación europea reconoce el derecho a compensaciones en casos de fuerza mayor, aunque su aplicación práctica suele ser compleja. La experiencia de Marta y María muestra la importancia de contar con seguros de viaje sólidos y de exigir a las aerolíneas protocolos claros de atención y reembolso. Mientras tanto, para quienes se ven atrapados lejos de casa, la improvisación y el gasto extra siguen siendo la norma.