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Una estación de metro en Barcelona, oculta durante 53 años, sorprende a los visitantes con su pasado: ¿qué se encontró en su interior?

Ricardo Rubio Español.News

Publicado por Ricardo Rubio

La estación fantasma Correos de Barcelona abre a visitas tras medio siglo. Por primera vez en 53 años, la estación de metro Correos en Barcelona se ha abierto para visitas guiadas. Este singular espacio, cerrado desde 1972, ahora puede recorrerse en tours nocturnos especiales. En su interior se conservan detalles de otra época y raros artefactos históricos.

En pleno centro de Barcelona, bajo la bulliciosa Via Laietana, volvió a cobrar vida una estación de metro que muchos consideraban ya olvidada. Correos, cerrada en 1972, abrió sus puertas por unas horas para curiosos vecinos y visitantes de la ciudad. Durante décadas, esta estación subterránea se convirtió en toda una leyenda entre los aficionados a la historia urbana y el transporte.

La estación está situada entre Jaume I y Barceloneta, justo debajo del edificio de correos. Inaugurada en 1934, funcionó casi cuarenta años hasta que fue clausurada debido a la ampliación de la línea y a la escasa distancia entre las plataformas adyacentes. Aquella noche, cuando el metro no operaba, pequeños grupos descendieron al túnel para caminar por las vías y adentrarse en un espacio donde el tiempo parecía haberse detenido.

En su interior se conservan antiguos letreros, carteles publicitarios e incluso materiales de propaganda de la época de Franco. Llamaron especialmente la atención las lámparas originales y los azulejos, que en 1956 fueron reemplazados por el famoso “gris metro”. Es interesante que aquí, por primera vez en España, se utilizó iluminación fluorescente: para la época, supuso un verdadero avance tecnológico.

Sin embargo, a pesar de la expectación por la apertura, las autoridades no tienen previsto integrar Correos como parte habitual de la ruta. Resulta demasiado complejo y costoso detener la circulación de trenes y modificar el horario de servicio solo para visitas guiadas. Además, la estación no cuenta con una salida independiente a la calle: solo se puede acceder a través del túnel, cuando los trenes no están en funcionamiento.

En su momento, Correos no era considerada una arteria de transporte importante: solo tenía una plataforma y sufría constantes problemas de humedad debido a su proximidad al mar. Sin embargo, fue precisamente su autenticidad y ambiente lo que la convirtió en un imán para los amantes de la urbanística. Hoy en día, puede verse todo tal como estaba el día de su cierre — incluso los detalles más pequeños permanecen intactos.

En el marco del centenario del metro de Barcelona, también se abrieron otros espacios poco habituales: los talleres de Santa Eulàlia, la central eléctrica de Mercat Nou, el centro de control de tráfico y otra estación 'fantasma', Gaudí, que nunca llegó a recibir pasajeros, pero cuenta con un acceso independiente desde la calle.

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