El parque solar flotante de Bomhofsplas, en Países Bajos, ha generado un inesperado aumento de peces e invertebrados bajo sus paneles. Un experimento ecológico que revela cómo la energía renovable puede favorecer la biodiversidad en entornos artificiales.
En el lago de extracción de arena de Bomhofsplas, cerca de Zwolle (Países Bajos), una instalación solar flotante ha cambiado el paisaje y, de forma inesperada, también la vida bajo el agua. Desde 2020, más de 72.000 paneles solares cubren 18,25 hectáreas, generando energía suficiente para abastecer a más de 7.200 hogares. Pero el verdadero impacto no se limita a la producción eléctrica: bajo la superficie, la biodiversidad ha experimentado un notable impulso.
El seguimiento ecológico realizado por Ecocean, entidad especializada en soluciones para la biodiversidad acuática, ha documentado la aparición de cientos de peces y casi 2.000 invertebrados en la zona bajo los paneles. Para el estudio, se instalaron 20 estructuras Biohut en tres áreas del parque y se realizaron campañas de observación entre 2020 y 2023. El resultado: 2.382 organismos detectados, de los cuales 1.951 eran invertebrados y 431 peces, incluyendo percas comunes, ciprínidos, gobios de nariz tubular, gammaridos, limneas, mejillones cebra y esponjas de agua dulce.
Refugios artificiales
Las Biohut, diseñadas como pequeños refugios, han sido clave en este proceso. Estas estructuras ofrecen protección, alimento y superficies para que microorganismos e invertebrados se asienten y prosperen. Con el tiempo, las Biohut se colonizan y crean condiciones favorables para la fauna acuática, permitiendo que peces jóvenes encuentren refugio y zonas de crecimiento. La presencia de invertebrados y pequeños artrópodos, base de la cadena alimentaria, facilita la llegada de especies de mayor tamaño y contribuye a un ecosistema más equilibrado.
Un experimento con matices
El caso de Bomhofsplas destaca por combinar la producción de energía renovable con la recuperación de funciones ecológicas en un entorno artificial. No se trata de un lago natural, sino de un espacio industrial donde las instalaciones flotantes evitan ocupar suelo agrícola y reducen los conflictos por el uso del terreno. Sin embargo, los expertos insisten en que estos resultados no pueden generalizarse a cualquier planta solar flotante. El impacto depende de factores como la profundidad del agua, la superficie cubierta, las especies presentes, la circulación y el diseño de la infraestructura.
Un estudio previo, realizado con sensores y drones submarinos, apenas detectó diferencias en los parámetros principales de calidad del agua bajo los paneles, aunque subrayó la importancia de recopilar datos a largo plazo para evaluar los efectos reales de estas instalaciones. Los investigadores recomiendan cautela antes de extender este modelo a otros lugares, ya que cada entorno acuático responde de manera diferente.
Lecciones para el futuro
El caso de Bomhofsplas sugiere que las plantas solares flotantes pueden incorporar medidas ecológicas desde su diseño, como refugios para fauna y criterios de biodiversidad, para maximizar los beneficios ambientales. Cuando se planifican con seguimiento ambiental y atención a la vida acuática, estas infraestructuras no solo producen electricidad limpia, sino que también pueden crear hábitats en espacios degradados o industriales.
La relación entre infraestructuras humanas y biodiversidad es compleja y, en ocasiones, sorprendente. Así como la gestión de productos frescos en supermercados puede tener consecuencias inesperadas para la salud, como se analizó en este reportaje sobre los riesgos de la fruta cortada sin refrigerar, la integración de soluciones ecológicas en proyectos energéticos abre nuevas posibilidades para la recuperación de ecosistemas. El seguimiento a largo plazo será clave para entender hasta qué punto estos modelos pueden replicarse y qué límites encuentran en distintos contextos.