El incendio en La Vilavella obligó a evacuar a miles de personas. Una mujer sorda de 81 años no recibió ninguna alerta y permaneció sola en su casa. El caso revela fallos en los sistemas de emergencia.
El incendio declarado en la Vall d’Uixó el pasado sábado provocó la evacuación urgente de La Vilavella, un municipio de Castellón con apenas 3.000 habitantes. Mientras las campanas repicaban, la policía recorría las calles y los teléfonos vibraban con la alerta ES-Alert, una vecina de 81 años permaneció ajena a la emergencia. Sorda de nacimiento, no percibió ni el sonido de las campanas, ni los golpes en la puerta, ni las notificaciones en los móviles. Su caso ha puesto en evidencia las limitaciones de los sistemas de alerta basados únicamente en señales sonoras.
La mujer, que vive en el centro del pueblo, no notó nada inusual durante la evacuación. Según relata su sobrina, que se encontraba de viaje y no pudo contactar con ella, la comunicación entre ambas se realiza en lengua de signos. Ninguna de las dos ha querido revelar su identidad. Mientras tanto, el resto de vecinos abandonaba el municipio en medio del caos, con el humo cubriendo las calles y la incertidumbre sobre el avance de las llamas.
María Sales, de 80 años y vecina de La Vilavella, recuerda cómo la rutina se rompió de golpe. Tras escuchar el bullicio en la calle, salió y vio el humo avanzar. Muchos huyeron con lo puesto, como Rosario Borrás, que perdió sus zapatillas al salir corriendo y ni siquiera pudo recoger sus medicinas. El ambiente, según los testimonios, recordaba a una evacuación en tiempos de guerra. Los desalojados se repartieron entre polideportivos y casas de familiares en localidades cercanas.
Mientras el pueblo quedaba vacío, la mujer sorda seguía en su casa, viendo imágenes del incendio en la televisión pero sin comprender la gravedad de la situación, ya que no podía oír la narración. Pasó el fin de semana aislada, sin saber que las calles estaban desiertas y que el fuego había llegado hasta la puerta del colegio, donde los bomberos lograron frenar el avance de las llamas. El lunes, al salir de casa para ir al mercado, se topó con dos policías sorprendidos de verla. Fue entonces cuando lograron contactar con su familia y la trasladaron al polideportivo de Nules, donde se reunieron los vecinos más mayores.
En el refugio improvisado, la mujer fue informada de lo ocurrido y de cómo el incendio sorprendió a quienes vivían cerca de la ladera. Omar Arnau, otro vecino, relató cómo las llamas se acercaron al pueblo en cuestión de minutos, obligando a pasar del confinamiento a la huida en menos de una hora. La mujer pudo regresar a su casa un día después, pero el regreso estuvo marcado por la desolación: la montaña se había convertido en una ladera de ceniza y el aire seguía siendo irrespirable. Muchos vecinos aún no han podido volver, y cerca de 7.000 personas permanecen desalojadas, a la espera de que las autoridades permitan el retorno cuando la situación lo permita.
Este caso recuerda a otros episodios recientes en España, donde los incendios han obligado a evacuaciones masivas y han puesto a prueba los sistemas de emergencia. En situaciones similares, como la que afectó a Zaragoza y Navarra, miles de personas también tuvieron que abandonar sus hogares y regresar bajo estricta vigilancia, según se detalla en el seguimiento de las evacuaciones tras el incendio de Orés. La experiencia de La Vilavella subraya la necesidad de adaptar las alertas a personas con discapacidad auditiva y revisar los protocolos para garantizar que nadie quede fuera de los avisos en situaciones críticas.
En España, los sistemas de alerta de emergencia suelen combinar avisos sonoros, mensajes a móviles y actuaciones presenciales de la policía local. Sin embargo, la dependencia de señales acústicas puede dejar fuera a colectivos vulnerables, como personas sordas o con movilidad reducida. La legislación nacional exige a los municipios contar con planes de emergencia inclusivos, pero la aplicación práctica varía según la localidad. El caso de La Vilavella pone sobre la mesa la importancia de reforzar la accesibilidad y la coordinación entre servicios para evitar situaciones de aislamiento en futuras emergencias.