En EEUU proponen cemento sin caliza: oportunidad para reducir emisiones de CO₂ en la construcción. Investigadores estadounidenses han encontrado una manera de producir cemento Portland sin usar caliza, sustituyéndola por basalto. Esto podría reducir las emisiones de CO₂ y disminuir el consumo energético en la construcción. La cuestión es cuán viable resulta implementar esta tecnología en un sector donde los cambios avanzan con dificultad.
En Estados Unidos, un grupo de científicos propuso cambiar la base misma de la producción de cemento Portland: sustituir la piedra caliza por basalto y otras rocas silicatadas. Este paso podría reducir radicalmente las emisiones de CO₂, que hoy son comparables a las de todos los automóviles particulares del mundo. Según Talent24h, es precisamente la composición química de la caliza la que la convierte en la principal fuente de carbono del sector: al calentarse hasta 1500 °C libera hasta 500 kg de CO₂ por cada tonelada de cemento.
Una investigación liderada por Jeff Prancevic de la Universidad de California en Santa Bárbara y Cody Finke de Brimstone Energy demostró que, al sustituir la caliza por basalto o gabro, se puede obtener el mismo cemento Portland pero con emisiones mucho menores. En teoría, el consumo energético se reduce en más del 40% y las emisiones de CO₂, en un 80%. Incluso utilizando tecnologías y electricidad convencionales, la reducción de emisiones puede superar el 25%.
La idea clave no es inventar un nuevo material, sino cambiar la fuente de calcio para no alterar los procesos constructivos habituales. Esto es fundamental en un sector donde los estándares y tecnologías llevan décadas basados en el clásico Portland. Según Prancevic, solo este enfoque permite una adopción masiva: los constructores no tendrán que capacitarse de nuevo y la infraestructura se mantendrá igual.
La comparación de ambos enfoques muestra claramente la diferencia: la caliza requiere altas temperaturas y genera grandes emisiones, mientras que el basalto permite reducir tanto el consumo energético como las emisiones de carbono. Además, el basalto contiene no solo calcio, sino también hierro y aluminio, que pueden extraerse como productos secundarios, lo que potencialmente hace el proceso aún más rentable para la industria.
Sin embargo, la nueva tecnología también enfrenta obstáculos evidentes. La caliza es barata, y toda la normativa y logística del sector están adaptadas a su uso. El precio del cemento se mantiene en torno a 150 euros por tonelada, y cualquier cambio se percibe con cautela. Por eso, como destacan los autores del estudio, el éxito solo será posible si se conservan la calidad y las propiedades habituales del Portland; de lo contrario, el mercado simplemente no aceptará la innovación.
La introducción de nuevas tecnologías en la construcción siempre está ligada a la inercia del sector. Como demuestra la experiencia de ahorro energético en el ámbito doméstico, incluso soluciones sencillas, como cambiar la tarifa del gas, requieren tiempo y esfuerzo. Más detalles al respecto se pueden encontrar en el artículo sobre el ahorro real en servicios públicos.
Si la tecnología de cemento sin caliza demuestra su eficacia a escala industrial, podría convertirse en uno de los avances más significativos para reducir la huella de carbono en la construcción en las últimas décadas. Por ahora, el sector observa atentamente los experimentos y espera las primeras aplicaciones reales.