• 5 min de lectura
  • por

Una pareja revive un pueblo asturiano olvidado

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

Una pareja revive un pueblo asturiano olvidado Español.News
Una pareja revive un pueblo asturiano olvidado

Ana Isabel y Máximo apostaron por una vida diferente: compraron una braña en ruinas en Asturias y la transformaron en un pequeño pueblo con historia. Su proyecto desafía el abandono rural y plantea nuevos retos para quienes buscan vivir en plena naturaleza.

Las zarzas cubrían las casas y el silencio era absoluto cuando Ana Isabel visitó por primera vez la braña asturiana que acabaría cambiando su vida. Lo que para muchos era solo un conjunto de ruinas, para ella y su pareja, Máximo, se convirtió en la oportunidad de empezar de nuevo lejos del ruido y la prisa.

La historia de Ana y Máximo no es la de una mudanza convencional. Tras una larga etapa en la minería, Ana decidió invertir la indemnización de su reconversión laboral en un proyecto personal. Una amiga le habló de una braña en venta, un tipo de asentamiento tradicional asturiano, y aunque al principio desconocía el término, la visita al lugar fue suficiente para imaginar un futuro distinto.

Una compra poco habitual

La adquisición de la braña fue posible gracias a una circunstancia excepcional: todas las propiedades pertenecían a una sola familia. El padre de la vendedora había ido comprando las casas a los vecinos que emigraban a la ciudad, evitando así los habituales conflictos de herencias múltiples que suelen dificultar la compra de aldeas abandonadas. "No tuvimos que negociar con varios herederos ni enfrentarnos a disputas", recuerda Ana.

El estado del lugar era crítico. La vegetación había invadido los caminos y las viviendas, pero Ana y Máximo vieron más allá de las ruinas. Decidieron restaurar cada casa con paciencia, respetando la arquitectura original y la memoria del lugar.

Recuperar siglos de historia

La braña, habitada desde el siglo XIV, llegó a albergar a más de 24 personas dedicadas al ganado y la producción de carbón vegetal. A diferencia de otros asentamientos de montaña, aquí la vida continuaba durante todo el año, hasta que la industrialización vació la zona y empujó a sus habitantes hacia Avilés y Gijón.

La primera vivienda que rehabilitaron fue "la bouza", la más antigua y aún con su horno de leña intacto. La última, elegida por sus vistas y orientación, es hoy su hogar principal. Máximo, que se unió al proyecto tras conocer a Ana en circunstancias inesperadas, reconoce que el lugar le conquistó tanto como la propia Ana. Su idea inicial era restaurar las casas para la jubilación y alquilar el resto, pero el proyecto fue creciendo con el tiempo.

Vivir y proteger el entorno

Actualmente, la pareja disfruta de luz eléctrica y agua de montaña, un privilegio en un entorno tan aislado. Para abastecerse, deben desplazarse siete kilómetros hasta San Martín, y el acceso, especialmente en invierno, requiere un todoterreno. Su objetivo es alquilar las viviendas durante todo el año, aunque insisten en la necesidad de que el ayuntamiento mejore los últimos 200 metros del camino de acceso.

La falta de descendencia directa hace que Ana y Máximo se planteen el futuro del complejo con realismo: quieren permanecer allí "hasta el final", pero son conscientes de la carga económica y de la importancia de preservar el entorno. Les preocupa especialmente la posible instalación de aerogeneradores de gran tamaño en la sierra del Pomar, de donde procede el agua que abastece la braña.

Para quienes sueñan con una vida rural, Ana es clara: "En la vida, si tienes miedo, no haces nada". Máximo añade que la clave para integrarse en un pueblo es hablar con los vecinos y adaptarse a sus costumbres. Su experiencia recuerda a la de otras personas que han apostado por la autosuficiencia y la vida sencilla, como María García, quien dejó Oviedo para instalarse sola en una casa en el bosque, una historia que puedes conocer en este reportaje sobre nuevas formas de vida rural.

El caso de Ana y Máximo pone de relieve los desafíos y oportunidades de la repoblación rural en Asturias. La recuperación de aldeas abandonadas no solo exige inversión y esfuerzo, sino también una visión a largo plazo y la colaboración de las administraciones para garantizar el acceso y la protección del entorno. En un contexto donde el abandono rural sigue siendo una preocupación en España, historias como la suya muestran que, con decisión y paciencia, es posible devolver la vida a lugares que parecían condenados al olvido.

Artículos relacionados