El caso de Maricarmen, la inquilina de 87 años desalojada de su piso en Retiro, ha dado un giro. Urbagestión, la empresa propietaria, acepta que la mujer vuelva a la vivienda donde vivió setenta años. El acuerdo llegó tras más de cuatro horas de negociación. Ahora, Maricarmen debe decidir si acepta las condiciones del nuevo contrato de alquiler.
La reunión fue en la sede de la Empresa Municipal de Vivienda y Suelo (EMVS) en Arganzuela. Asistieron los dueños del piso, la abogada y familiares de Maricarmen, representantes municipales y el Sindicato de Inquilinas. La EMVS actuó como mediadora y gestionó el acuerdo a través de su Servicio de Intermediación del Alquiler. Este servicio garantiza a los propietarios un seguro de impago y de hogar gratuito. Para los inquilinos, asegura que el alquiler no supere el 40% de sus ingresos netos.
Tras el desahucio, Maricarmen fue hospitalizada y sus primeras declaraciones públicas desde el hospital generaron una ola de apoyo social y mediático.
El conflicto viene de 2020. Urbagestión compró el piso en 2018 por un precio bajo porque Maricarmen vivía allí. En 2020, la empresa le comunicó que debía dejar la vivienda porque el contrato de renta antigua ya había sido subrogado dos veces. Desde entonces, Urbagestión rechazó todas las propuestas, tanto de la Administración como de particulares y figuras del mundo cultural, para asumir la diferencia del alquiler o comprar el piso. Hace cinco días, el desahucio desató una fuerte presión social y mediática.
Según datos de El Confidencial y otros medios, tras comprar el piso en 2018, la nueva propiedad intentó subir el alquiler de unos 500 euros al mes a cerca de 2.650 euros. Maricarmen, con una pensión de unos 1.400 euros, no podía asumir esa cifra. Este aumento fue uno de los motivos principales del conflicto, que se alargó durante años y acabó en cuatro intentos de desahucio. El último fue en septiembre de 2026, con movilizaciones nocturnas y protestas vecinales.
El pasado viernes, Urbagestión propuso de urgencia ceder el piso a la EMVS para que lo alquilara a Maricarmen a través del plan Reviva. La empresa municipal rechazó la opción porque el piso tiene una hipoteca y el programa exige que esté libre de cargas. Además, el plan Reviva funciona con un sistema de adjudicación y lista de espera ya establecida, lo que hizo imposible la operación.
El Sindicato de Inquilinas denunció que el caso de Maricarmen no es aislado y convocó una manifestación bajo el lema 'Ni una Maricarmen más', subrayando la creciente tensión social en torno al acceso a la vivienda en Madrid.
Ante la negativa, el Ayuntamiento de Madrid ofreció mediar directamente entre la empresa y los representantes de Maricarmen. Así se llegó al acuerdo de este lunes. El Sindicato de Inquilinas, que estuvo en la negociación, avisó que la acampada en la Puerta del Sol seguirá porque consideran que el problema es más amplio que este caso.
Maricarmen, que cobra una pensión de unos 1.400 euros y nunca dejó de pagar el alquiler ni las facturas —unos 500 euros al mes en total—, podría volver a su casa con un nuevo contrato si acepta las condiciones. Los detalles del acuerdo no se han hecho públicos. Según información previa, Urbagestión negó presiones y rechazó todas las acusaciones tras el desahucio, mientras el Ministerio de Vivienda y el Sindicato de Inquilinas mantenían versiones opuestas.
Este desenlace, aunque depende de la decisión final de Maricarmen, muestra la fuerza de la presión social y el papel de la mediación institucional en los conflictos de vivienda en Madrid. El caso deja ver los límites de programas municipales como Reviva y la dificultad de los contratos de renta antigua, sobre todo cuando hay cargas hipotecarias. La intervención del Ayuntamiento ha sido clave para desbloquear una situación que parecía sin salida. Pero la falta de transparencia sobre las condiciones finales y la continuidad de las protestas muestran que el debate sobre el acceso a la vivienda en la capital sigue abierto.