El Gran Premio de Fórmula 1 en Madrid ha alterado la vida cotidiana en Valdebebas. Durante los entrenamientos, el ruido en las viviendas cercanas al circuito ha superado los 75 decibelios de media, muy por encima del máximo legal para zonas residenciales. Los vecinos temen que la carrera principal empeore la situación.
En la terraza de Pablo, a pocos metros de la pista, el sonido de los monoplazas y helicópteros se cuela incluso con las ventanas cerradas. Las mediciones desde su casa muestran que el ruido no solo rebasa los 60 decibelios permitidos, sino que en algunos momentos llega a 94. En pruebas previas de Fórmula 3, se registraron hasta 107 decibelios, el doble del límite legal, lo que llevó a presentar denuncias ante la Policía.
Las mediciones independientes en la zona de Valdebebas han registrado picos de hasta 110 decibelios durante los entrenamientos de Fórmula 1, superando ampliamente los límites legales para áreas residenciales.
El Ayuntamiento de Madrid no ha publicado la resolución que debería fijar los límites, horarios y condiciones del evento. Según la Plataforma Ecologista Madrileña, esta falta de información deja a los residentes sin protección. Los promotores del evento, encabezados por Ifema, pidieron flexibilizar los límites de ruido, pero el resultado de esa solicitud sigue sin conocerse mientras la competición continúa.
El ruido no es el único problema. Los cortes de calles y las restricciones de acceso obligan a los vecinos a rodeos y acreditaciones para llegar a sus casas. Las obras para adaptar el circuito se hicieron incluso de noche, sumando molestias en un barrio que, según los residentes, todavía carece de servicios básicos como institutos, centros de salud y una red de Metro suficiente.
El estudio del ingeniero ambiental Iván Ruiz Coello calcula que casi 14.000 personas estarán expuestas a más de 60 decibelios durante la carrera, y 79 vecinos podrían sufrir riesgos para la salud auditiva. Durante todo el domingo, más de 8.600 habitantes soportarán niveles superiores a los permitidos por la ley. El alcalde Almeida ha reconocido que "la molestia cero no existe", mientras la presidenta autonómica Isabel Díaz Ayuso ha pedido a los vecinos "sacrificarse un poco" por la rentabilidad del evento.
La normativa española establece un máximo de 55 dB(A) por la noche en zonas residenciales, muy por debajo de los valores registrados durante el evento. IFEMA y el Ayuntamiento han anunciado la instalación de pantallas acústicas y otras medidas, pero los datos muestran que el ruido sigue superando los límites legales.
Algunos cambios de última hora, como pantallas protectoras y la disposición de gradas, han reducido parcialmente el impacto acústico, pero el ruido sigue siendo constante. El teletrabajo se ha visto afectado y la vida diaria en Valdebebas se ha complicado. Incluso a más de dos kilómetros del circuito, el ruido de los motores se percibe en oficinas y colegios, como cuenta Carlos, que trabaja junto al Liceo francés de Madrid.
Las protestas vecinales no se limitan al ruido. La falta de dotaciones públicas y el coste de las obras para el circuito aumentan el malestar. Pablo, que vive en el barrio desde hace más de diez años, recuerda que los colegios y centros de salud llegaron tarde y que el hospital Zendal sigue sin uso real. Ahora, la Fórmula 1 se suma a una lista de problemas que, según los vecinos, no deja ningún beneficio claro para el barrio.
El caso de Valdebebas no es único en la historia reciente de la Fórmula 1 en Madrid. Un análisis previo sobre el circuito ya advertía de los desafíos técnicos y de seguridad del trazado urbano. Ahora, para miles de vecinos, la realidad es convivir con el ruido y las molestias, mientras las autoridades priorizan el espectáculo y la rentabilidad frente al bienestar local. La gestión opaca y la falta de soluciones efectivas muestran que, en Madrid, el ruido de los motores pesa más que el derecho al descanso.
Según El Mundo, algunos vecinos han señalado que el ruido en ciertos momentos fue menor de lo esperado, aunque la mayoría de las mediciones y testimonios confirman que los niveles superan ampliamente los límites legales establecidos por la normativa española y recogidos en el BOE.