El barrio del Botànic vive tensión tras la tala de palmeras y el avance de un hotel de 80 habitaciones. Vecinos y comerciantes denuncian la pérdida de identidad y el aumento de plazas turísticas en Valencia.
La transformación de dos edificios en la calle Túria de Valencia en un hotel de 80 habitaciones ha provocado una ola de protestas en el barrio del Botànic. Decenas de vecinos y comerciantes se concentraron frente a los inmuebles, donde hasta hace poco funcionaba una guardería, para mostrar su rechazo a la proliferación de alojamientos turísticos y la reciente tala de varias palmeras históricas en el patio interior, autorizada por el Ayuntamiento.
La movilización, respaldada por representantes de Compromís y el PSPV, pone de relieve el malestar creciente ante la gentrificación y la pérdida de residentes de larga data. Los manifestantes, vestidos de luto y portando pancartas como “El Botànico en lucha” y “El Botànico no se vende”, denuncian que la llegada de nuevos hoteles y apartamentos turísticos está desplazando a los vecinos y afectando al pequeño comercio tradicional, que cede terreno ante negocios orientados al turismo.
El conflicto se remonta a 2021, cuando un fondo de inversión adquirió los edificios de los números 49 y 51 de la calle Túria. Tras la compra, unas 16 familias, junto a los propietarios de una escuela infantil y un restaurante vegetariano, tuvieron que abandonar sus viviendas y locales conforme vencían sus contratos de alquiler. Cinco años después, el proyecto hotelero ya cuenta con licencia municipal y las obras han comenzado con la eliminación de media docena de palmeras, algunas con décadas de antigüedad, que no pudieron ser trasplantadas según el permiso concedido.
Vecinos como José Catalá, del Col.lectiu Veïnal del barri del Botànic, advierten que la saturación de plazas turísticas está vaciando el barrio de residentes habituales. Catalá señala que, aunque el Ayuntamiento asegura que la ratio de plazas turísticas sigue siendo baja, en la calle Túria hay previstos tres nuevos bloques turísticos y en la calle Botànico, dos más. Además, en la cercana Guillem de Castro también se construye otro hotel. El anterior gobierno local intentó ejercer el derecho de tanteo y retracto para adquirir los edificios, pero finalmente la operación fue descartada y los inmuebles pasaron a manos de un fondo francés.
La vecina Pura, de 62 años, lamenta la pérdida de las palmeras y la transformación del entorno. Según relata, cada vez quedan menos residentes y el ambiente del barrio cambia rápidamente, con un aumento notable de visitantes extranjeros y la desaparición de vecinos de toda la vida. Actualmente, en la calle Túria ya existen cuatro edificios hoteleros, lo que refuerza la percepción de un cambio irreversible en la zona.
Desde Compromís, la portavoz municipal Papi Robles expresó su apoyo a los vecinos, subrayando la necesidad de priorizar la vivienda frente a la especulación inmobiliaria. Por su parte, la concejala socialista Elisa Valía criticó la decisión del actual gobierno local de no adquirir los edificios, responsabilizando a la alcaldesa María José Catalá y su equipo de permitir que las viviendas se conviertan en habitaciones de hotel en lugar de destinarse a los residentes.
El actor y periodista Tonino, residente en el Botànic desde los años 90, destaca que los intentos vecinales de identificar y denunciar pisos turísticos ilegales ante la junta de distrito han tenido poco efecto. Según su experiencia, muchos mayores han abandonado el barrio y las viviendas terminan en manos de inversores, lo que alimenta la sensación de una “guerra declarada” contra los vecinos.
El caso del Botànic refleja una tendencia que afecta a otros barrios de Valencia, donde la presión turística y la inversión inmobiliaria generan tensiones entre la preservación del tejido social y el desarrollo económico. Según datos municipales, la ciudad ha experimentado un crecimiento sostenido de plazas hoteleras y apartamentos turísticos en la última década. El derecho de tanteo y retracto, que permite a las administraciones adquirir inmuebles antes de que pasen a manos privadas, se ha convertido en una herramienta clave en algunos municipios para frenar la especulación, aunque su aplicación depende de la voluntad política. La situación en el Botànic ilustra los desafíos de equilibrar el atractivo turístico de Valencia con la protección de la vida vecinal y el patrimonio urbano.