Tomàs Ballesté, de 64 años, lleva más de una década en Solanell, un núcleo casi deshabitado del Pirineo. Con un subsidio de 480 euros y gastos mínimos, ha logrado mantenerse y participar en la recuperación del pueblo.
Tomàs Ballesté, de 64 años, lleva doce años instalado en Solanell, un pequeño núcleo del Pirineo catalán donde, según relata, sobrevive con un subsidio mensual de 480 euros y una vida de gastos reducidos al mínimo. Su historia ha vuelto a circular tras la publicación de un nuevo vídeo de Monxileros en julio de 2026, donde detalla cómo ha conseguido adaptarse a una realidad que para muchos sería insostenible.
Ballesté llegó a Solanell a los 52 años, después de perder la visión de un ojo y quedarse sin empleo. Tras una etapa de transición en Girona, cerca de su hija, su hermano le habló de un proyecto de recuperación en Solanell, similar a otras iniciativas de rehabilitación de pueblos abandonados. Aunque la primera impresión no fue positiva, decidió quedarse y, desde entonces, ha colaborado en la restauración de viviendas y realizado trabajos puntuales, como en el archivo comarcal. Aprendió por su cuenta tareas de construcción, apoyándose en la ayuda de otros y en recursos disponibles en internet.
En el vídeo, Ballesté afirma: “Tengo un subsidio de 480 euros y con eso tienes que sobrevivir”. Explica que la ausencia de bares y comercios facilita el control del gasto, ya que la oferta de consumo es prácticamente inexistente. Esta rutina austera le ha permitido mantenerse en el pueblo durante más de una década, aunque la información que lo presenta como único habitante no es del todo precisa: según el último dato de Idescat, a 1 de enero de 2025, Solanell contaba oficialmente con cinco residentes, aunque no se especifica cuántos viven allí de forma continua.
El subsidio y sus límites
Ballesté se refiere a su ingreso como “subsidio contributivo”, pero la denominación no aclara el tipo exacto de ayuda. El SEPE distingue entre prestación contributiva y subsidios por desempleo, y la cifra de 480 euros coincide con el subsidio para mayores de 52 años, fijado en el 80% del IPREM en 2026. Sin embargo, la cuantía por sí sola no permite identificar con certeza la ayuda que percibe, ya que existen otras modalidades con ese mismo importe. Para acceder al subsidio para mayores de 52 años, además de la edad, se exigen requisitos de cotización, desempleo y carencia de rentas, y el SEPE cotiza por el 125% de la base mínima, lo que puede influir en la futura pensión. No hay datos públicos que confirmen si Ballesté cumple todas estas condiciones.
Solanell: despoblación y recuperación
La imagen de Solanell como pueblo vacío es matizable. El Nomenclátor de Idescat contabilizaba cinco habitantes en 2025, aunque la continuidad de la residencia no está clara. Históricamente, el declive ha sido pronunciado: de 107 vecinos en 1857 a solo ocho en 1970. La ficha municipal aún lo describe como despoblado, aunque los proyectos de rehabilitación han devuelto cierta actividad. La población sigue siendo mínima, pero la vida cotidiana de Ballesté refleja el esfuerzo por mantener el lugar habitable.
Vivir con poco: entre elección y necesidad
La experiencia de Ballesté se enmarca en una tendencia de recuperación rural menos lineal de lo que sugiere el relato del abandono total. Según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, los municipios españoles de menos de 5.000 habitantes han ganado más de 22.000 residentes en 2024, y la mayoría presenta saldo migratorio positivo desde 2018. Sin embargo, el acceso a empleo, vivienda, movilidad y servicios básicos sigue siendo un reto. La II Estrategia Nacional para la Equidad Territorial, presentada en 2026, prioriza precisamente estos aspectos.
Ballesté resume su filosofía con una frase: hay que “venir a vivir, no a huir”. Su caso muestra que reducir el consumo puede ser una vía para sostenerse en entornos rurales, pero no es una receta universal. Sin vivienda, ingresos estables y acceso a servicios, la vida en pueblos casi vacíos sigue siendo una opción limitada a perfiles muy concretos.
Historias de adaptación a entornos rurales con recursos mínimos no son únicas. Por ejemplo, otro caso reciente narra cómo un madrileño transformó un autobús en su hogar autosuficiente, gestionando energía y gastos mínimos en la sierra de Madrid. Estos relatos reflejan la diversidad de estrategias para afrontar la vida con pocos recursos en España.