ZZ Top actuó en Barcelona con su repertorio habitual y sin novedades. El grupo estadounidense ofreció un show previsible, marcado por el humor y la eficiencia. La cita reunió a miles de seguidores en el Barts Festival.
El grupo estadounidense ZZ Top reunió a cerca de 5.000 personas en el Barts Festival de Barcelona, en una noche marcada por la ausencia total de referencias futbolísticas y el dominio absoluto del rock y el blues. El trío de Houston, conocido por su estilo inconfundible y su humor característico, ofreció un espectáculo que no se apartó ni un milímetro de lo esperado: repertorio clásico, trucos habituales y una puesta en escena que remite a los Harlem Globetrotters del baloncesto, donde la exhibición prima sobre la sorpresa.
El público, mayoritariamente masculino y vestido de negro, se entregó a la cita como si de un ritual se tratara. Tatuajes, melenas y una atmósfera de camaradería marcaron la velada, en la que la seguridad apenas desvió la atención hacia el fútbol, salvo algún vigilante consultando el móvil. La escenografía, con una pared cubierta de grafitis, amplificadores de colores y tablas de skate, reforzó la imagen dinámica del grupo, en contraste con la veteranía de sus integrantes. Billy Gibbons, único miembro original, superó la setentena, mientras que el batería fue sustituido por un músico más joven debido a problemas de salud del titular, y Elwood Francis cubrió el puesto del fallecido Dusty Hill.
El repertorio se mantuvo fiel a los éxitos de los años setenta y ochenta, con apenas dos temas recientes: Brown Paper Bag, de Billy Gibbons, y Thunderbird, grabada en 2022 para una banda sonora pero compuesta en 1975. El show arrancó con Got Me Under Pressure y no faltaron clásicos como Sharp Dressed Man, Just Got Paid, Jesus Just Left Chicago, My Head’s in Mississippi, Pearl Necklace y Legs, donde el bajo de 17 cuerdas y los instrumentos peludos volvieron a ser protagonistas. Las coreografías y poses humorísticas del dúo principal, junto a los cortes bruscos en el final de algunos temas, mantuvieron la simpatía y el tono irónico que caracteriza a la banda.
La calidad del sonido no fue el punto fuerte de la noche, con una voz difícil de entender y un volumen ajustado a la normativa local. Sin embargo, la eficiencia y la fidelidad al estilo ZZ Top compensaron la falta de sorpresas. El público, que ya había visto un espectáculo similar en el Rock Fest de 2019, no pareció exigir novedades ni cambios en la fórmula. El cierre llegó con La Granje, homenaje a un prostíbulo, tras un amago de despedida parodiado por los músicos, que simularon una consulta antes de añadir un tema extra.
La cita de ZZ Top en Barcelona se produjo en un contexto donde la ciudad vivía otros eventos deportivos de gran seguimiento, como el reciente enfrentamiento de Conor McGregor en la UFC, que atrajo la atención internacional y fue cubierto por medios como espanol.news en su análisis del regreso del luchador irlandés. Sin embargo, en el recinto del Barts Festival, la música fue la única protagonista y las camisetas negras no anticiparon ningún desenlace inesperado.
ZZ Top, con más de cinco décadas de trayectoria, sigue apostando por la continuidad y el humor como señas de identidad. La banda, formada en Houston en 1969, ha vendido más de 50 millones de discos en todo el mundo y es reconocida por su imagen de barbas largas y gafas de sol. Su permanencia en la escena musical, pese a la pérdida de Dusty Hill en 2021, demuestra la vigencia de un estilo que no busca reinventarse, sino celebrar su propio legado. El Barts Festival, por su parte, consolida su posición como uno de los escenarios de referencia para conciertos internacionales en Barcelona.