El terremoto en Cali ha dejado 95 fallecidos y casi mil heridos. Decenas de edificios colapsaron y cientos de personas siguen atrapadas. La incertidumbre y el miedo a réplicas mantienen a la población en alerta.
El fuerte terremoto que sacudió Cali ha transformado la vida cotidiana en la ciudad. El balance provisional, según el alcalde Alejandro Eder, es de 95 muertos, 949 heridos y 239 personas atrapadas bajo los escombros. Además, 56 edificios han colapsado y los equipos de rescate trabajan contrarreloj para localizar supervivientes.
La situación en las calles es tensa. Muchos residentes, como Alicia, una colombiana de 64 años que vive en España y estaba de vacaciones en Cali, se vieron obligados a abandonar sus viviendas por el riesgo de nuevas réplicas. Alicia relata que el temblor sorprendió a su madre en el baño y que la estructura del edificio sufrió daños visibles, con grietas y desprendimientos en las paredes. Tras el sismo, la energía eléctrica y el acceso a internet quedaron interrumpidos, lo que dificultó la comunicación y la coordinación de la ayuda.
Los vigilantes de los edificios colaboraron para evacuar a las personas mayores, utilizando el ascensor solo de forma puntual para facilitar la salida. En la calle, vecinos y familiares se organizaron para atender a quienes no habían desayunado y para compartir información sobre la situación. La falta de agua y electricidad obligó a muchos a buscar refugio en casas de amigos o familiares cercanos, especialmente quienes no podían regresar a sus pisos por los daños estructurales.
El tráfico en varias zonas de Cali se vio afectado por los derrumbes, con calles cortadas y semáforos fuera de servicio. Algunos supermercados no pudieron abrir por daños en sus instalaciones, mientras que otros funcionaron con normalidad y se llenaron de personas buscando alimentos y bebidas. La escasez de agua potable se hizo evidente en las primeras horas tras el terremoto, lo que aumentó la preocupación entre los habitantes.
Durante la noche, el miedo a nuevas réplicas impidió que muchos pudieran dormir. La principal inquietud sigue siendo la suerte de quienes permanecen bajo los escombros y la búsqueda de lugares seguros para pasar los próximos días. La experiencia de Alicia refleja la incertidumbre y el impacto emocional que atraviesan miles de familias en la ciudad.
En el contexto de la tragedia, la solidaridad entre vecinos ha sido clave para afrontar la emergencia. La situación en Cali recuerda otros momentos difíciles vividos en diferentes regiones, como el reciente fallecimiento de Frank Gálvez, que también generó una ola de reacciones en la sociedad, según se recoge en una crónica sobre el impacto en la escena musical española.
Colombia se encuentra en una zona de alta actividad sísmica, lo que obliga a las autoridades y a la población a mantener protocolos de prevención y respuesta ante emergencias. Cali, como una de las principales ciudades del país, cuenta con planes de evacuación y equipos de rescate especializados, pero la magnitud del desastre ha puesto a prueba la capacidad de reacción local. La prioridad sigue siendo el rescate de personas atrapadas y la atención a los damnificados, mientras se evalúan los daños en infraestructuras y servicios básicos. La experiencia de los últimos días subraya la importancia de la preparación ante catástrofes naturales y la necesidad de reforzar la resiliencia urbana en ciudades vulnerables.