La zona de exclusión de Chernóbil, casi despoblada desde 1986, muestra hoy una sorprendente recuperación de grandes mamíferos. Un estudio revela cómo la ausencia humana ha permitido el retorno de especies emblemáticas y plantea nuevas preguntas sobre la relación entre naturaleza y catástrofes nucleares.
En la zona de exclusión de Chernóbil, donde el desastre nuclear de 1986 obligó a evacuar a más de 200.000 personas, la vida salvaje ha encontrado un inesperado refugio. Un reciente estudio publicado en Proceedings of the Royal Society B, liderado por la ecóloga Svitlana Kudrenko, documenta el regreso y la expansión de grandes mamíferos como osos pardos, linces euroasiáticos, alces y caballos de Przewalski en este territorio marcado por la radiación.
El equipo científico instaló cámaras trampa en el norte de Ucrania durante 2020 y 2021, abarcando tanto la zona de exclusión como áreas protegidas y terrenos sin protección especial. El resultado fue contundente: de las 31.200 detecciones de fauna registradas, casi dos tercios correspondieron a la reserva de Chernóbil. Aunque una misma especie puede activar varias veces las cámaras, la diversidad y la frecuencia de grandes mamíferos superan claramente a las de otras regiones estudiadas.
Restricción humana, clave del cambio
Los investigadores subrayan que no es la radiación la que favorece a la fauna, sino la drástica reducción de la presencia humana. La creación de una zona de exclusión de 30 kilómetros, aún vigente, eliminó asentamientos, agricultura y tráfico, permitiendo que especies sensibles a la perturbación humana recuperaran su espacio. El estudio destaca que la ocupación y la probabilidad de detectar animales como el lince, el alce o el ciervo rojo son mucho mayores en Chernóbil y la vecina reserva de Drevlianskyi que en otras áreas del norte ucraniano.
Este fenómeno recuerda a otros casos donde la retirada humana transforma los ecosistemas. Por ejemplo, la expansión de monocultivos en China, aunque con efectos distintos, también ha alterado la biodiversidad, como se analiza en un reportaje sobre el impacto de la reforestación masiva en aves y polinizadores.
Radiación: riesgos persistentes
La recuperación de la fauna no implica que la radiación haya dejado de ser un problema. El Organismo Internacional de Energía Atómica advierte que elementos como el estroncio-90 y el cesio-137 siguen presentes en el entorno, con efectos a largo plazo aún poco conocidos. Tras el accidente, la mortalidad de árboles cercanos al reactor fue inmediata, y décadas después, estudios detectan cambios biológicos en especies como las ranas arborícolas, que han desarrollado una coloración más oscura posiblemente vinculada a la radiación ionizante.
En 2026, una investigación sobre lobos de Chernóbil identificó señales moleculares asociadas al estrés por radiación y posibles adaptaciones inmunológicas. Estos hallazgos sugieren que la exposición prolongada puede estar influyendo en la evolución de las especies locales, aunque los efectos completos aún se investigan.
Un laboratorio natural para la conservación
El caso de Chernóbil ofrece lecciones valiosas para la gestión de espacios naturales. El estudio de Kudrenko concluye que la mera declaración legal de un área protegida no garantiza la recuperación de la fauna: el tamaño, la conectividad y la aplicación real de restricciones humanas son factores decisivos. La experiencia de Chernóbil demuestra que, en ausencia de actividad humana, incluso territorios contaminados pueden convertirse en refugios para especies amenazadas.
En Europa, crece el interés por proyectos que utilizan grandes herbívoros para restaurar ecosistemas y controlar la vegetación, como ocurre con los bisontes europeos en España. Sin embargo, los expertos insisten en que la situación de Chernóbil no debe interpretarse como una prueba de que la naturaleza es inmune a los accidentes nucleares. La zona sigue siendo un entorno contaminado, y la recuperación de la fauna convive con riesgos ambientales que requieren seguimiento científico constante.
La historia de Chernóbil, cuatro décadas después del desastre, plantea preguntas sobre el equilibrio entre protección ambiental y actividad humana, y sobre cómo la naturaleza responde cuando el ser humano desaparece del paisaje.