China ha sumado millones de hectáreas de árboles, pero un nuevo estudio revela que la fragmentación de los bosques naturales y el auge de plantaciones afectan gravemente a aves y abejas. El modelo de reforestación masiva reabre el debate sobre monocultivos y biodiversidad.
China ha liderado la mayor campaña de reforestación del planeta, con más de 28 millones de hectáreas añadidas en tres décadas. Sin embargo, un reciente estudio publicado en abril de 2026 advierte que este esfuerzo, lejos de restaurar la naturaleza, está generando nuevos problemas para la biodiversidad. El 56% de las nuevas plantaciones se sitúan a menos de un kilómetro de los bosques naturales, lo que ha acelerado la fragmentación de estos ecosistemas en la mayoría de las provincias analizadas.
El análisis, realizado entre 1990 y 2020 y publicado en Communications Earth & Environment, distingue entre bosque natural, plantaciones y superficie forestal total. Esta diferenciación revela una paradoja: mientras la superficie arbolada crece, los bosques naturales se fragmentan y pierden conectividad. Entre 2000 y 2015, la fragmentación se intensificó, y en 2020 más de mil condados superaban el umbral de fragmentación severa. La expansión de monocultivos, la tala y la presión agrícola han actuado en conjunto, creando bordes y aislando poblaciones animales y vegetales.
Monocultivos y biodiversidad
La preocupación por el impacto de los monocultivos no es nueva. Ya en 2016, un estudio en Nature Communications alertó sobre los riesgos del programa Granos por Bosques, que desde 1999 había restaurado casi 28 millones de hectáreas, en su mayoría con especies comerciales como eucalipto, bambú o cedro japonés. El análisis de 258 publicaciones y 202 localizaciones mostró que el 82% de las plantaciones eran monocultivos, mientras que los bosques nativos eran una excepción.
El trabajo de campo en Sichuan fue revelador: los monocultivos ofrecían una riqueza de aves igual o menor que los campos agrícolas, y la diversidad de abejas caía hasta un 92% respecto a los cultivos. Solo los bosques nativos mantenían altos niveles de biodiversidad. Los bosques mixtos mejoraban la situación respecto a los monocultivos, pero no alcanzaban los valores de los ecosistemas originales. La escasez de flores y sotobosque en las plantaciones parece ser una de las causas principales de la caída de polinizadores.
Fragmentación y consecuencias
Fragmentar un bosque no solo reduce su superficie: multiplica los bordes, aísla especies y dificulta el intercambio genético. El Programa de Protección de Bosques Naturales logró frenar parcialmente este proceso en las zonas incluidas, pero el avance de las plantaciones comerciales sigue siendo dominante. Los autores del estudio identifican más de 219.000 kilómetros cuadrados como áreas prioritarias para restaurar la conectividad ecológica.
La experiencia china ilustra los límites de medir el éxito ambiental solo por la cantidad de árboles plantados. Sin información sobre la composición y la conectividad de los bosques, la superficie arbolada puede ocultar una pérdida real de biodiversidad y resiliencia. Casos como el de las encinas reforestadas en Valencia, que tras décadas de crecimiento fueron eliminadas para instalar placas solares, muestran que la permanencia y calidad del bosque son tan importantes como su extensión. Este dilema recuerda a la situación vivida en Inglaterra, donde la eliminación masiva de árboles en el río Lugg provocó una recuperación ecológica que podría tardar décadas, como se detalla en este reportaje sobre la restauración del río Lugg.
¿Qué alternativas existen?
Un estudio publicado en noviembre de 2025 aportó matices al debate: modelizando el hábitat de 402 especies de aves forestales, concluyó que el 73% había ampliado su área adecuada entre 2000 y 2020. Sin embargo, los autores advierten que sumar especies no garantiza mantener las funciones ecológicas originales. La recomendación general es clara: proteger los bosques naturales, favorecer especies nativas y apostar por silvicultura mixta, en lugar de monocultivos comerciales.
La experiencia de China sirve de advertencia para otros países que buscan soluciones rápidas al cambio climático y la degradación ambiental. La reforestación masiva puede ser parte de la respuesta, pero solo si se prioriza la diversidad, la conectividad y la permanencia de los ecosistemas. Sin estos elementos, el remedio puede agravar el problema que pretende resolver.