El servicio público de bicicletas de Barcelona afronta críticas por falta de mantenimiento, fallos en la aplicación y bicis eléctricas inutilizables. La empresa gestora reconoce dificultades por el calor y activa un plan de emergencia.
El sistema Bicing de Barcelona, con más de 170.000 abonados y 8.000 bicicletas, atraviesa una oleada de críticas por el mal estado de su flota y los fallos en la aplicación móvil. En las últimas semanas, usuarios habituales han reportado estaciones repletas de bicicletas eléctricas sin batería, vehículos con frenos defectuosos, ruedas desgastadas y cadenas rotas. Además, la aplicación SMOU, clave para localizar y desbloquear bicis, muestra información inexacta sobre la disponibilidad real en las estaciones, lo que complica aún más el uso diario del servicio.
La empresa municipal Barcelona de Serveis Municipals (BSM), responsable de la gestión, atribuye parte de los problemas a las altas temperaturas recientes. Según BSM, los sistemas de protección de las bicicletas eléctricas —que representan el 60% de la flota y el 80% de los trayectos— limitan la recarga para evitar riesgos, lo que ha dejado muchas bicis fuera de servicio. Ante la situación, la compañía ha puesto en marcha un plan técnico y logístico para reducir el impacto y ajustar los sistemas de recarga, aunque no ha respondido sobre otras incidencias ni sobre el volumen de reclamaciones recibidas.
Entre los abonados, la frustración es palpable. Algunos, como Jokin Piquer, con más de una década de uso, afirman que la fiabilidad del Bicing ha caído en picado en los últimos meses. Relatan que muchas bicicletas eléctricas aparecen como inutilizables sin motivo aparente y que la app no refleja la realidad de las estaciones. Otros usuarios, como Paula, han reportado estaciones inactivas durante días pese a tener bicis disponibles, y destacan la dificultad para registrar incidencias y la falta de respuesta por parte del servicio. La situación obliga a muchos a salir con más antelación para llegar a tiempo a sus destinos, restando valor al sistema como alternativa eficiente de transporte público.
El deterioro del servicio también se refleja en el estado físico de las bicicletas. Se han detectado vehículos sin pedales, con frenos que apenas funcionan y ruedas en mal estado. Ana Giralt, otra usuaria, señala que los problemas se han agravado con el calor y que la falta de revisiones periódicas aumenta el riesgo de accidentes. Marcos González, por su parte, lamenta que ahora debe caminar hasta un kilómetro para encontrar una bicicleta operativa, cuando antes tenía una estación fiable cerca de casa. Además, critica que el reciente rediseño de la aplicación no ha mejorado la experiencia, sino que ha generado más confusión.
El Bicicleta Club de Cataluña (BACC) considera que el Bicing es actualmente uno de los servicios públicos peor mantenidos de la ciudad. Su portavoz, Adrià Arenas, compara la situación con la de otros transportes públicos y advierte que el sistema ha dejado de cumplir su función como alternativa real de movilidad urbana. La presencia de turistas con tarjetas de abonado obtenidas en pisos turísticos o a través de plataformas como Airbnb añade presión sobre un servicio ya saturado.
El contexto de problemas en infraestructuras públicas en Barcelona no es nuevo. Recientemente, incidentes como la fuga de gas en las obras del metro de Sants han reavivado el debate sobre la gestión y el mantenimiento de los servicios urbanos, como se detalla en este análisis sobre la seguridad en obras públicas.
El Bicing, pionero en España desde 2007, está en su segunda generación tras la renovación del contrato en 2019, ahora gestionado por la UTE Pedalem Barcelona, con participación de CESPA-Serveo (Ferrovial) y la canadiense PBSC, actualmente bajo control de la estadounidense Lyft. El Ayuntamiento prevé licitar la tercera generación del servicio en otoño, con el objetivo de ampliar la flota a 12.000 bicicletas y renovar las estaciones para 2029. Mientras tanto, la presión sobre el sistema y la insatisfacción de los usuarios ponen en cuestión la capacidad del Bicing para responder a la demanda de movilidad sostenible en la ciudad.
En el contexto europeo, Barcelona fue una de las primeras grandes ciudades en apostar por la bicicleta pública como alternativa al coche y al transporte tradicional. El modelo ha sido replicado en otras urbes, pero la experiencia reciente muestra que el éxito depende tanto de la tecnología como del mantenimiento y la gestión diaria. La saturación del servicio, la falta de respuesta a las incidencias y la creciente presencia de turistas entre los usuarios plantean retos adicionales para el futuro del Bicing. La evolución del sistema en los próximos años será clave para determinar si Barcelona puede mantener su liderazgo en movilidad urbana sostenible.