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El adobero que protege Chan Chan

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

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El adobero que protege Chan Chan

Arturo Rafael Jerónimo Valiente fabrica adobes especiales para preservar Chan Chan, la mayor ciudad de barro del mundo. Su experiencia artesanal es esencial frente a la amenaza del clima, el vandalismo y la expansión urbana.

Arturo Rafael Jerónimo Valiente conoce la tierra como pocos. Desde niño, en una ladrillera artesanal, aprendió a identificar el barro adecuado, mezclarlo y moldearlo con precisión. Hoy, ese conocimiento sostiene la conservación de Chan Chan, el mayor complejo arqueológico de adobe del planeta y Patrimonio Mundial desde 1986.

La historia de Arturo es la de un oficio que se transforma en salvaguarda cultural. Hace quince años, un amigo le avisó de que Chan Chan buscaba adoberos para un proyecto de restauración. Desde entonces, su labor se ha vuelto indispensable: fabrica piezas a medida que refuerzan muros, relieves y zonas vulnerables de la antigua capital chimú, donde la compatibilidad de materiales es crucial para evitar daños irreversibles.

Un trabajo de precisión

La técnica que Arturo perfeccionó en la ladrillera fue solo el inicio. Para Chan Chan, la mezcla requiere tierra, arena y confitillo, buscando una resistencia superior y una integración perfecta con las estructuras originales. Cada adobe se produce bajo la supervisión de especialistas, que deciden dónde reponer material, cómo proteger cabeceras y cuándo levantar barreras de defensa ante la erosión.

El clima es el principal enemigo. Las lluvias abren grietas, erosionan cimientos y favorecen filtraciones. La salinidad, el viento, la humedad del subsuelo y los cambios bruscos de temperatura agravan el deterioro. Por eso, el trabajo de los adoberos es meticuloso y constante, adaptándose a las investigaciones sobre morteros y enlucidos que se desarrollan en el propio complejo.

Chan Chan, una ciudad amenazada

Chan Chan fue el corazón del reino Chimú y abarca unos 20 kilómetros cuadrados, con un núcleo monumental de seis kilómetros donde se alzan diez recintos amurallados, caminos, canales y pirámides. La Unesco la incluyó en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro en 1986, alertando sobre su fragilidad ante el fenómeno de El Niño, la expansión urbana y las ocupaciones ilegales.

La presión humana no da tregua. En mayo de 2025, el Ministerio de Cultura denunció pintadas con aerosol sobre muros originales. Un mes después, las autoridades retiraron construcciones ilegales en 10.000 metros cuadrados del sector Los Huachaques. Estos episodios muestran que la conservación exige vigilancia y acción permanente.

El valor de los oficios tradicionales

La experiencia de Arturo ilustra cómo un saber heredado puede convertirse en herramienta esencial para la memoria histórica. Cada adobe que fabrica prolonga la vida de una ciudad levantada hace siglos, enfrentando desafíos que van desde el clima hasta el vandalismo. La continuidad de estos oficios es un reto compartido por otros sectores artesanales, como la marmolería, donde la falta de relevo generacional amenaza la supervivencia de técnicas únicas, tal como se analiza en este reportaje sobre la crisis de la marmolería gallega.

Chan Chan sigue necesitando manos expertas y materiales fieles a su origen. La labor de los adoberos, lejos de ser un vestigio del pasado, es hoy una línea de defensa activa para uno de los patrimonios más frágiles y valiosos de Perú.

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