Juan José Martínez, con 38 años en la marmolería gallega, advierte que la falta de jóvenes y de formación específica pone en riesgo un sector que sigue recibiendo pedidos constantes. La experiencia se pierde y el futuro es incierto.
Juan José Martínez, marmolista gallego de 58 años, lleva casi cuatro décadas trabajando entre encimeras y lápidas. Su taller en el norte de Galicia no da abasto con los encargos, pero la preocupación crece: cada vez es más difícil encontrar jóvenes dispuestos a aprender el oficio y asegurar la continuidad de la profesión.
La demanda de trabajos en mármol se mantiene estable, especialmente en la fabricación de encimeras de cocina y piezas funerarias. Sin embargo, Martínez observa que la falta de relevo generacional se ha convertido en el principal desafío para el sector. “Pedidos hay, pero no hay quien los saque adelante en el futuro”, resume.
Un sector invisible para los jóvenes
El problema, según Martínez, no es exclusivo de la marmolería. La crisis de mano de obra afecta a toda la construcción, y los talleres de mármol lo sufren de forma indirecta. Las condiciones físicas del trabajo —ambientes húmedos, polvo, manipulación de piezas pesadas— y el desconocimiento de las oportunidades laborales hacen que pocos jóvenes se interesen por este camino profesional.
La modernización de los talleres ha aliviado parte de la carga física, pero la esencia manual del oficio sigue intacta. Las máquinas cortan y pulen, pero el marmolista debe medir, ajustar y resolver imprevistos en cada encargo. “La tecnología ayuda, pero la experiencia y el ojo siguen siendo imprescindibles”, explica Martínez.
Formación profesional: la gran ausente
Uno de los mayores obstáculos es la ausencia de una Formación Profesional específica para la marmolería. Sin itinerarios educativos claros, los talleres dependen de la transmisión directa de conocimientos entre veteranos y aprendices, un proceso cada vez más difícil ante la escasez de candidatos. “Falta una formación profesional para acercar a los jóvenes a este sector, que no la hay, y lo desconocen”, lamenta Martínez.
La situación recuerda a otros sectores donde la falta de relevo y de vías formativas ha dejado a muchos profesionales y clientes en el aire, como ocurrió con el cierre de clínicas dentales en Madrid, que dejó a cientos de pacientes sin tratamiento, según se relató en un reportaje reciente sobre la crisis en el sector dental.
El riesgo de perder décadas de experiencia
La jubilación de los profesionales más veteranos amenaza con dejar a la marmolería sin el saber hacer acumulado durante años. Martínez reconoce que cada vez resulta más complicado encontrar jóvenes dispuestos a empezar desde cero y asumir el esfuerzo que exige el oficio. “No sé si es por desconocimiento o porque se está mejor en casa”, reflexiona.
En este contexto, el sector se enfrenta a una paradoja: la demanda de productos de mármol no decae, pero la falta de personal cualificado pone en riesgo la supervivencia de los talleres. Sin una apuesta clara por la formación y la visibilización del oficio, la experiencia de generaciones podría perderse en pocos años.
La situación de la marmolería gallega es un reflejo de un fenómeno más amplio en España, donde oficios tradicionales con demanda real luchan por atraer a nuevas generaciones. El futuro del sector dependerá de la capacidad para adaptarse, modernizarse y, sobre todo, para transmitir el valor de un trabajo que combina técnica, precisión y artesanía.