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El campo extremeño, al límite: la presión de los fondos de inversión pone en jaque a los pequeños agricultores

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

El campo extremeño, al límite: la presión de los fondos de inversión pone en jaque a los pequeños agricultores Español.News
El campo extremeño, al límite: la presión de los fondos de inversión pone en jaque a los pequeños agricultores

El agricultor Juan Francisco Rodríguez Chamorro advierte que la falta de relevo generacional y la baja rentabilidad están empujando a muchos productores a vender sus tierras a fondos de inversión. El modelo tradicional de agricultura familiar se enfrenta a una transformación profunda.

Juan Francisco Rodríguez Chamorro, agricultor en Extremadura, ha lanzado una advertencia que resuena en todo el sector: cada vez resulta más difícil para los pequeños productores mantener sus explotaciones frente al avance de los grandes fondos de inversión. Según explica Chamorro en el podcast Zona regable, la combinación de costes crecientes, márgenes reducidos y la ausencia de relevo generacional está llevando a muchos a plantearse si tiene sentido seguir cultivando o entregar la tierra a quienes pueden permitirse operar a gran escala.

La situación es especialmente crítica para quienes gestionan parcelas de entre 3 y 10 hectáreas. Chamorro describe cómo, ante la imposibilidad de rentabilizar sus tierras, numerosos agricultores optan por venderlas o arrendarlas. En ocasiones, son absorbidas por vecinos que buscan aumentar su superficie para sobrevivir, pero cada vez más, el destino de estas fincas está en manos de inversores con capacidad financiera y tecnológica muy superior. "Las acabamos absorbiendo los que intentamos tener un cachito más para sobrevivir", resume Chamorro, reflejando la presión constante sobre los pequeños propietarios.

Fondos de inversión en el campo

Hasta hace poco, los grandes fondos de inversión se interesaban principalmente por explotaciones de más de 300 hectáreas. Sin embargo, Chamorro señala que esta tendencia ha cambiado: ahora también buscan terrenos de entre 50 y 100 hectáreas, lo que supone una amenaza directa para el modelo de agricultura familiar. "Llegará el momento en el que a nosotros nos sea más rentable darles nuestras tierras a ellos que sembrarlas nosotros mismos", advierte, subrayando el riesgo de que la propiedad y gestión de la tierra pase a manos de grandes empresas y fondos internacionales.

Este fenómeno no es exclusivo del sector agrícola. En otros ámbitos, como el inmobiliario, la entrada de inversores ha transformado el mercado y las reglas del juego, como muestra el caso de Natalia Forès, que ha construido una cartera de viviendas en alquiler en Francia y Reino Unido, relatado en este reportaje sobre la expansión de inversores españoles en el extranjero.

Rentabilidad y dependencia de ayudas

La rentabilidad de las explotaciones agrarias depende cada vez más de la escala y de la capacidad para invertir en maquinaria y tecnología. Chamorro recuerda que, hace décadas, una pequeña finca de frutales podía sostener a una familia. Hoy, con los costes de producción disparados y los precios de venta estancados, esa realidad ha desaparecido. "Para ser agricultor hoy, y resultar rentable, es necesario tener una gran extensión de hectáreas y maquinaria. Ya no cualquiera puede dedicarse a esto como antes", afirma.

Las ayudas de la PAC siguen siendo un salvavidas para muchos, pero Chamorro advierte que no son suficientes para compensar la pérdida de rentabilidad. La presión de los costes y la competencia de grandes operadores están dejando fuera a quienes no pueden crecer o modernizarse. El resultado es un campo cada vez más concentrado en menos manos y una agricultura familiar en retroceso.

Un modelo en transformación

La advertencia de Chamorro pone sobre la mesa una transformación silenciosa pero profunda en el campo español. Si la tendencia continúa, la agricultura tradicional podría quedar relegada a un papel testimonial, mientras los fondos de inversión y las grandes empresas imponen nuevas reglas. Para muchos pequeños agricultores, la pregunta ya no es cómo mejorar su explotación, sino si podrán seguir existiendo en un mercado cada vez más exigente y concentrado.

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