La muerte de Pepe Habichuela a los 82 años en Madrid reabre el foco sobre su poderosa saga familiar. Su mujer Amparo, su hijo Josemi y los Carmona, protagonistas de una historia marcada por el arte y la herencia flamenca.
El mundo del flamenco y la cultura española se ha visto sacudido por la desaparición de Pepe Habichuela, una de las figuras más influyentes de la guitarra, que falleció a los 82 años en Madrid. Su ausencia deja un vacío difícil de llenar, pero también devuelve la atención a la familia que lo acompañó en cada etapa y que hoy representa una de las sagas más reconocidas del arte flamenco.
La historia de Pepe Habichuela, cuyo nombre real era José Antonio Carmona Carmona, está marcada por la herencia de una dinastía gitana que comenzó con su abuelo, 'Habichuela el Viejo', y que ha dejado huella en varias generaciones. Nacido en Granada en 1944, Pepe creció en las Cuevas de Sacromonte, rodeado de guitarras y de una tradición que se transmitía casi como un legado inevitable. Su traslado a Madrid a los veinte años, siguiendo los pasos de su hermano Juan Habichuela, fue el inicio de una etapa que lo consolidó como referente absoluto del género.
Una pareja unida por el arte
En el corazón de su vida personal estuvo siempre Amparo Niño, también conocida como Amparo Bengala, bailaora e hija del cantaor y banderillero Miguel Bengala. Su historia juntos comenzó cuando Pepe tenía apenas diecisiete años, y desde entonces compartieron escenarios y giras, tanto en España como en el extranjero. Durante años, la pareja fue inseparable en los tablaos, con él a la guitarra y ella al baile, hasta que en los años ochenta, según recuerda la revista Papel, Pepe decidió que Amparo se retirara de los escenarios, aunque nunca dejó de bailar en la intimidad familiar.
De esa unión nació en 1971 su único hijo, Josemi Carmona Niño, quien desde pequeño mostró el mismo talento que sus padres. Josemi debutó con solo nueve años y pronto se integró en el grupo Ketama, junto a sus primos Antonio y Juan José Carmona, consolidando así la continuidad de la saga. Más tarde, Josemi emprendió su propio camino en solitario, pero siempre mantuvo el vínculo con la familia y el flamenco. En lo personal, Josemi es padre de dos hijos: Miguel, que optó por el Trabajo Social, y Lucía, la benjamina de la familia, que ronda los trece años.
La saga Carmona, un linaje vivo
El entorno de Pepe Habichuela no se entiende sin la presencia de su sobrino Antonio Carmona, hijo de Juan Habichuela y voz imprescindible en la música española. Antonio, junto a su hermano Juan José y su primo Josemi, dio forma a Ketama, grupo que marcó una época y que supo reinventar el flamenco para nuevas generaciones. La familia Carmona ha sabido mantener la llama artística encendida, y la siguiente generación ya pisa fuerte: Antonio es padre de Lucía Fernanda y Marina Carmona, ambas dedicadas también a la música.
La dinastía se extiende aún más con Juan Torres Fajardo, conocido como 'Habichuela nieto', sobrino nieto de Pepe y representante de la quinta generación de guitarristas en la familia. Su nombre ha aparecido en la crónica social no solo por su talento, sino también por su relación con Sara Vega, hermana de la actriz Paz Vega, lo que añade un matiz mediático a la ya célebre saga.
Un legado que trasciende el escenario
La muerte de Pepe Habichuela no solo ha generado homenajes en el mundo del flamenco, sino que ha puesto de relieve la fuerza de los lazos familiares y la importancia de la herencia artística. Como señala Divinity, la familia Carmona-Habichuela es mucho más que un apellido: es un símbolo de continuidad, pasión y respeto por una tradición que sigue viva en cada generación. En un momento en que otras familias mediáticas también ocupan titulares, como ocurrió recientemente con la tensión entre José María Almoguera y Terelu Campos tras la polémica de la casa de Málaga, reflejada en un reciente reencuentro televisivo, la historia de los Habichuela destaca por su capacidad de unir arte y familia en un mismo relato.
El legado de Pepe Habichuela, forjado entre Granada y Madrid, sigue latiendo en los escenarios y en la memoria de quienes compartieron con él no solo la música, sino también la vida. Su círculo íntimo, marcado por el talento y la complicidad, es hoy el mejor testimonio de una historia que trasciende generaciones.