Jesús Sola, pastor en Guadalajara, defiende que el pastoreo es clave para prevenir incendios forestales. Su experiencia revela los retos económicos y generacionales del sector, mientras las políticas públicas buscan soluciones sostenibles.
Jesús Sola, pastor de ovejas en Tortuera (Guadalajara), ha reabierto el debate sobre la prevención de incendios forestales tras una entrevista en el pódcast Morir de Éxito. Sola sostiene que «un ganado de ovejas, cabras o vacas limpia mucho más que 100 personas», una afirmación que, aunque personal, pone el foco en el papel del pastoreo en la gestión del monte.
En Tortuera, un pueblo de apenas 157 habitantes según el censo de 2025, Sola y su mujer gestionan cerca de 2.000 ovejas en explotaciones separadas. El pastor reclama que parte de las ayudas públicas para el mantenimiento forestal lleguen a quienes mantienen rebaños en zonas rurales, argumentando que su labor reduce la vegetación combustible y, por tanto, el riesgo de incendios.
La comparación con 100 trabajadores no tiene respaldo técnico oficial, pero la idea de fondo sí cuenta con apoyo institucional. El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO) considera el pastoreo controlado una herramienta complementaria en la prevención de incendios, aunque no sustitutiva de los desbroces mecánicos. El ganado ayuda a mantener cortafuegos y a reducir costes, pero la presión ganadera debe adaptarse a cada terreno para evitar daños.
El coste de empezar
El oficio de pastor exige dedicación diaria y flexibilidad total. «El ganado no tiene reloj», resume Sola, quien explica que la jornada depende de la luz, los partos y las necesidades del rebaño. Esta falta de horarios y descansos es, según él, una de las razones por las que pocos jóvenes se animan a entrar en el sector.
La inversión inicial es otro obstáculo. Sola calcula que una oveja reproductora cuesta unos 150 euros y que, para que la explotación sea viable, hacen falta al menos 500 animales. Solo la compra del rebaño supone unos 75.000 euros, sin contar instalaciones ni otros gastos. Además, pueden pasar hasta tres años antes de recuperar parte de la inversión, por lo que recomienda a los nuevos ganaderos buscar explotaciones ya en marcha, preferiblemente de profesionales próximos a jubilarse.
Algunos municipios ya ven cómo jóvenes regresan al campo para continuar negocios familiares, aunque siguen siendo casos aislados. El relevo generacional es escaso y la edad media del sector sigue aumentando.
Pastoreo y prevención
El MITECO respalda el pastoreo como medida preventiva, pero advierte que no elimina la necesidad de desbroces mecánicos. La cantidad de animales, la superficie y el tiempo de pastoreo deben ajustarse para evitar sobreexplotación. Castilla-La Mancha, por ejemplo, destinó 360.000 euros en 2025 para fomentar el pastoreo en la prevención de incendios, beneficiando a 67 explotaciones y cubriendo unas 3.000 hectáreas.
En Santiago-Pontones (Jaén), más de 170 ganaderos gestionan 70.000 ovejas en 20.000 hectáreas de la Sierra de Segura, logrando mantener la vegetación a raya y evitando grandes incendios durante años. Este modelo demuestra que la ganadería extensiva puede ser parte de la solución, siempre que se combine con otras medidas y una gestión adecuada.
El reto generacional
El envejecimiento del sector agrario es un problema estructural. Según el Ministerio de Agricultura, el 40% de los titulares de explotaciones tiene más de 65 años y solo el 9% es menor de 41. Las dificultades para acceder a la tierra, la financiación y la rentabilidad frenan la entrada de nuevos profesionales. El Gobierno ha anunciado la plataforma Tierra Joven y el análisis de 17.000 fincas estatales para facilitar el acceso a jóvenes y mujeres, pero la realidad es que la falta de personal y las duras condiciones laborales siguen siendo barreras importantes.
La experiencia de Sola muestra que el pastoreo puede contribuir a la prevención de incendios, pero su continuidad depende de que existan explotaciones rentables y de que se garantice el relevo generacional. Sin una base sólida de ganaderos, el riesgo es que el monte quede desatendido y aumente la vulnerabilidad ante el fuego.
El debate sobre la gestión del monte y la prevención de incendios no es exclusivo de España. En otros países, la reforestación masiva y los monocultivos también han generado controversia por su impacto en la biodiversidad, como se analiza en este reportaje sobre los riesgos de los monocultivos en grandes proyectos de reforestación.
El caso de Jesús Sola pone sobre la mesa la necesidad de políticas integrales que combinen tradición, innovación y apoyo real a quienes mantienen vivo el campo. Solo así será posible reducir el riesgo de incendios y garantizar el futuro de las zonas rurales.