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Elena cambia la Policía por 15 horas en el campo

Laura Castillo Español.News

Publicado por Laura Castillo

Elena cambia la Policía por 15 horas en el campo Español.News © espanol.news
Elena cambia la Policía por 15 horas en el campo © espanol.news

Elena Burillo, de 26 años, dejó su preparación para Policía Nacional y hoy dirige varias explotaciones agrícolas y ganaderas en Zaragoza. Su rutina supera las 15 horas diarias en temporada alta y depende de la meteorología y los precios.

Elena Burillo, con solo 26 años, ha dado un giro radical a su vida profesional. Tras años de preparación para ingresar en la Policía Nacional, decidió abandonar ese camino y apostar por el sector primario. Hoy, su día a día transcurre entre rebaños, cultivos y maquinaria agrícola en la provincia de Zaragoza, donde compagina sus estudios universitarios con la gestión de varias explotaciones familiares.

La decisión de Elena no fue inmediata. Aunque creció en un entorno rural, durante mucho tiempo escuchó que el campo ofrecía pocas oportunidades. Tras finalizar sus estudios iniciales, probó distintos empleos y finalmente se matriculó en un grado superior de vitivinicultura. Sin embargo, fue durante unas prácticas en Burdeos cuando descubrió su verdadera vocación: el trabajo directo con la tierra y los animales. A su regreso, inició la carrera de Ingeniería Agroalimentaria y del Medio Rural y, con solo 21 años, adquirió su primer rebaño.

Rutinas exigentes

En las campañas más intensas, la jornada de Elena comienza a las siete de la mañana y puede alargarse hasta las diez de la noche. El día arranca revisando los corderos recién nacidos, alimentando a las madres y preparando biberones. Después, se traslada al campo para segar, empaquetar, recoger cultivos y atender las alcachofas. Además, debe ocuparse de la venta de la producción y de la preparación del terreno para nuevas siembras, como el maíz, sin descuidar el control del riego.

Elena reconoce que podría reducir el número de cultivos y simplificar su carga de trabajo, pero su objetivo es hacer crecer el proyecto familiar. La responsabilidad de tomar decisiones y ver los resultados directos de su esfuerzo compensa, en parte, la dureza de la rutina. Define su actividad como «una ilusión, no solo un trabajo», y no oculta que intenta convencer a su hermana, que vive en Países Bajos, para que regrese y comparta la carga.

Incertidumbre constante

La meteorología es, según Elena, el mayor reto del sector. Una sequía prolongada puede arruinar meses de trabajo, mientras que una tormenta inesperada puede destruir una cosecha en cuestión de horas. A esto se suman averías, gastos imprevistos y la incertidumbre sobre los precios de venta, que rara vez garantizan ingresos estables. Al inicio, es habitual recurrir a préstamos para invertir en maquinaria y ganado, con la esperanza de recuperar la inversión a medio plazo.

En 2026, Elena considera que la ganadería vive un momento favorable gracias al precio del cordero, mientras que la agricultura se ve presionada por el coste del gasóleo y otros insumos. Por eso, defiende la combinación de ambas actividades como una forma de equilibrar riesgos y asegurar cierta estabilidad económica.

Ser mujer en el campo

Elena señala que su edad no ha sido el principal motivo de cuestionamiento, pero sí el hecho de ser mujer y haber empezado más tarde que otros. Recuerda que algunos hombres daban por hecho que necesitaría ayuda para las tareas físicas. En redes sociales, percibe una presión añadida: siente la necesidad de demostrar que realiza personalmente el trabajo, ya que algunos atribuyen sus logros a su padre o a otros hombres de la familia.

Pese a las dificultades, Elena no comparte una visión pesimista sobre el relevo generacional en el campo. Observa más jóvenes en ferias agrícolas y cree que las redes sociales están cambiando la imagen del sector. A quienes quieran iniciarse, les recomienda formación, capacidad de trabajo y visión empresarial. Según su experiencia, antes bastaban 20 hectáreas para vivir, mientras que ahora serían necesarias al menos 200. También advierte sobre la amenaza que supone la desaparición de pequeñas explotaciones frente a la compra de tierras por fondos de inversión y el avance de modelos intensivos.

Contexto y desafíos

El caso de Elena refleja una tendencia creciente de jóvenes que, pese a las dificultades, apuestan por el campo como proyecto vital y profesional. Según datos del Ministerio de Agricultura, el relevo generacional sigue siendo uno de los grandes retos del sector en España, donde la edad media de los titulares de explotaciones supera los 60 años. La viabilidad de las pequeñas explotaciones depende cada vez más del acceso a recursos, la diversificación y la capacidad de adaptación a un entorno económico y climático incierto.

La historia de Elena Burillo pone de relieve la complejidad y el valor del trabajo agrícola y ganadero en la España actual, donde la pasión y la resiliencia resultan tan necesarias como la formación y la innovación.

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