Enrique Ponce y Ana Soria atraviesan su etapa más comentada tras un verano marcado por la ausencia de planes en común y gestos que alimentan rumores de crisis. La pareja, habitual en la prensa rosa, ahora suma silencios y distancias.
Enrique Ponce y Ana Soria vuelven a estar en el centro de la conversación mediática, pero esta vez no por sus gestos de complicidad, sino por una sucesión de detalles que han encendido las alarmas sobre el estado de su relación. El verano, tradicionalmente escenario de sus momentos más visibles, ha dejado en 2026 una estampa muy distinta: agendas separadas, ausencias notorias y un entorno que, aunque insiste en la normalidad, no logra acallar las especulaciones.
La primera señal llegó con las vacaciones. Mientras Enrique Ponce se volcaba en su faceta de apoderado junto a David de Miranda, Ana Soria optaba por planes juveniles y familiares en Almería, rodeada de amigas y apoyando a su hermano en un nuevo proyecto hostelero. Ni rastro del torero en las imágenes estivales de la joven, que acaba de finalizar su Máster en Abogacía. Según el entorno de Soria, la distancia se explica por compromisos laborales y familiares, pero la falta de planes en común no ha pasado desapercibida.
Ausencias que pesan
La ausencia de Ana Soria en dos citas clave para Enrique Ponce ha sido especialmente comentada. Primero, en la presentación del libro 'Punto Final' en Las Ventas, donde el diestro repasó su trayectoria profesional en un acto cargado de simbolismo. La joven jurista no apareció, y la respuesta de Ponce ante la pregunta fue tan escueta como elocuente: “Todo bien, gracias”. Días después, Soria tampoco acudió al homenaje que el Club Taurino de Bilbao dedicó al maestro de Chiva, donde sí estuvieron presentes figuras relevantes del entorno del torero. Dos ausencias consecutivas que han reforzado la percepción de distancia.
Diferencias y resistencias
Otro punto de fricción es la finca ‘La Cetrina’, emblema de la vida taurina de Ponce. Ana Soria nunca ha mostrado entusiasmo por ese entorno rural en Jaén, y los trabajadores de la finca confirman que rara vez se la ve por allí. Mientras Enrique supervisa personalmente los negocios de la dehesa, Soria prefiere mantenerse al margen, una diferencia que, según Divinity, nunca ha terminado de resolverse.
En el plano familiar, la integración de Ana Soria tampoco ha sido sencilla. La relación, que según Ponce comenzó en 2020, habría arrancado antes de lo que se hizo público, lo que generó incomodidad entre sus hijas, quienes se enteraron por redes sociales. Además, según Paloma Barrientos en Vanitatis, existen desencuentros económicos relacionados con la manutención de las descendientes del torero, lo que añade tensión al entorno.
Boda en el aire y entorno dividido
Hace dos años, la pareja fue protagonista de rumores sobre una inminente boda, alimentados por su papel en la organización del enlace de Baltasar Garzón y Dolores Delgado. Sin embargo, el esperado “sí, quiero” nunca llegó, y el tema ha quedado en el aire sin explicaciones públicas. A esto se suma la fría acogida de Ana Soria en el mundo taurino, donde su figura no termina de encajar, no tanto por la diferencia de edad, sino por factores como sus amistades políticas y el contraste con la familia de Paloma Cuevas, exmujer de Ponce y heredera de una saga taurina muy respetada.
Este tipo de distancias y silencios no son nuevos en el universo de las parejas mediáticas. De hecho, situaciones similares han marcado la actualidad de otros rostros conocidos, como ocurrió con el gesto de Mar Flores hacia la pareja de Elías Sacal, que también generó debate sobre la sintonía y los equilibrios en relaciones expuestas al foco público, tal como se analizó en un reciente artículo de espanol.news.
Por ahora, ni Enrique Ponce ni Ana Soria han dado explicaciones más allá de las frases de rigor. Pero la suma de ausencias, agendas separadas y la falta de gestos públicos de cercanía han convertido su verano más atípico en el más observado y comentado de los últimos años.