La Diputación de Gipuzkoa y Canadá han pactado la travesía de la réplica de la nao San Juan. El proyecto busca reabrir una ruta marítima olvidada y fortalecer la cooperación cultural e industrial entre ambos territorios.
La Diputación de Gipuzkoa y representantes canadienses han cerrado un acuerdo clave para que la réplica de la nao San Juan cruce el Atlántico y recupere, cinco siglos después, la histórica ruta ballenera entre Euskadi y Red Bay. El pacto, alcanzado tras una visita institucional a Canadá, marca el inicio de una expedición que aspira a reproducir las condiciones de navegación del siglo XVI y a reforzar los lazos culturales y económicos entre ambas regiones.
El proyecto, impulsado por la factoría marítima Albaola en Pasaia, prevé que la embarcación, actualmente en construcción, navegue hasta la remota localidad canadiense de Red Bay, en Terranova y Labrador. Allí, una pequeña comunidad espera la llegada del galeón, que simboliza la recuperación de una conexión histórica que permaneció olvidada durante siglos. La nueva comisión bilateral, formada por equipos políticos y económicos, deberá definir la ruta, las escalas, los permisos y la logística de la travesía, así como explorar nuevas vías de financiación, incluidas aportaciones canadienses aún por concretar.
Según la diputada general de Gipuzkoa, Eider Mendoza, el objetivo es que la expedición trascienda la mera recreación histórica y se convierta en una plataforma de promoción cultural, musical, turística e industrial. Mendoza subraya que la réplica, construida en Pasaia, será también un homenaje para Red Bay, donde los vestigios de la presencia vasca siguen presentes en la memoria local y en el paisaje.
Red Bay fue uno de los principales centros balleneros vascos entre el siglo XVI y principios del XVII, gracias a su puerto protegido y a la abundancia de ballenas francas y boreales. Los vascos procesaban allí la grasa para obtener aceite, un producto esencial para la iluminación en Europa. Los arqueólogos de Parks Canadá han identificado hasta 15 asentamientos balleneros vascos en la región, donde se desarrolló la primera industria a gran escala de América, con cifras que alcanzaban los 700.000 barriles de aceite por temporada.
El hallazgo en 1975 de archivos históricos y restos arqueológicos permitió localizar la nao San Juan, hundida en 1565 y considerada uno de los pecios mejor conservados del mundo. Más de 3.000 piezas recuperadas han servido de base para la reconstrucción actual, liderada por Albaola. Incluso el nombre de Red Bay se asocia a las tejas rojizas que los balleneros vascos llevaban para cubrir los hornos donde fundían la grasa, cuyos fragmentos aún se encuentran en la costa y el fondo de la bahía.
Durante la reciente visita, la Diputación de Gipuzkoa realizó un homenaje a los más de 400 marineros vascos enterrados en la zona, colocando una teja en la bahía roja junto a un ramo de flores. El alcalde de Red Bay, Eric Paul, expresó el honor que supone para la comunidad y mostró su esperanza de recibir la nao San Juan en dos o tres años, cuando finalicen los preparativos y pruebas en la costa cantábrica.
El carpintero de ribera Xabier Agote, responsable del proyecto, estima que la travesía podría durar unos 40 días y contará con una tripulación mixta de marineros y voluntarios. Ya hay interés de cocineros reconocidos y se busca un equipo diverso capaz de convivir durante semanas en condiciones similares a las del siglo XVI. El sueño de los impulsores es que la réplica navegue sobre el lugar exacto donde descansa la original, a 10 metros de profundidad bajo las aguas de Red Bay.
La recuperación de la nao San Juan y la reactivación de la ruta ballenera vasca ponen de relieve la importancia del patrimonio marítimo compartido entre España y Canadá. El proyecto, además de su valor simbólico, puede impulsar el turismo cultural y la cooperación internacional en la gestión de bienes históricos. Red Bay es Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2013, y la iniciativa refuerza el reconocimiento de la huella vasca en América del Norte.