La cárcel de Morón de la Frontera ha creado un espacio seguro para internos LGTBIQ+. La iniciativa fomenta la diversidad y reduce la conflictividad. El modelo ya inspira a otros centros penitenciarios.
La prisión de Morón de la Frontera, en Sevilla, ha dado un paso relevante al crear un grupo estable para internos LGTBIQ+, conocido como Espacio Seguro. Esta iniciativa, impulsada desde dentro del propio centro, ha transformado la experiencia de quienes hasta hace poco se veían obligados a ocultar su orientación sexual o identidad de género por miedo a represalias o discriminación. El proyecto, que reúne a 15 internos, ha conseguido reducir la conflictividad y mejorar la convivencia en una institución donde la tensión es habitual y la homofobia sigue presente.
El origen de Espacio Seguro se remonta a hace tres años, cuando un funcionario y voluntario del colectivo, Alejandro P. Ferreiro, detectó la necesidad de un espacio específico tras escuchar a internos gais en un congreso sobre educación LGTBIQ+. La subdirección del centro apoyó de inmediato la propuesta, permitiendo que el grupo se consolidara y se convirtiera en referente dentro del sistema penitenciario español. Aunque existen iniciativas similares en otras cárceles, como Rejas Rosas en Soto del Real y Teixeiro, el modelo de Morón destaca por su continuidad y por estar gestionado directamente por personal penitenciario, lo que facilita la integración y la respuesta a problemas cotidianos.
La vida en prisión para las personas LGTBIQ+ suele estar marcada por el miedo y la invisibilidad. Muchos internos, como Juan, optaron por ocultar su orientación sexual al ingresar, temiendo agresiones o abusos. Sin embargo, la existencia de un grupo de apoyo ha permitido que algunos recuperen su identidad y encuentren respaldo entre compañeros. El ambiente de hostilidad, aunque ha disminuido, no ha desaparecido por completo. Casos de discriminación y agresiones persisten, especialmente en espacios privados, lo que lleva a algunos a volver al armario según el módulo en el que se encuentren.
Las reuniones mensuales de Espacio Seguro abordan desde la gestión de agresiones hasta cuestiones de salud sexual, pasando por el acompañamiento en procesos de visibilidad. La mayoría de los participantes son hombres gais o bisexuales, reflejando la composición de la población reclusa, donde el 93% son varones. No existen estadísticas oficiales sobre la orientación sexual de los internos, ya que Instituciones Penitenciarias solo recoge estos datos si la persona decide manifestarlos.
El impacto del grupo va más allá del apoyo emocional. La dirección del centro consulta a Espacio Seguro sobre cambios de módulo para internos LGTBIQ+, y la visibilidad del colectivo se ha hecho patente en la vida cotidiana de la prisión: pasos de cebra arcoíris, exposiciones, carteles y actividades durante el Orgullo forman parte del paisaje. Además, se han realizado talleres de salud sexual y campañas para combatir el estigma del VIH, en colaboración con entidades como Stop Sevilla.
El caso de Fran, que descubrió su bisexualidad tras iniciar una relación en prisión y contar con el apoyo de su familia, ilustra cómo el tiempo de reclusión puede convertirse en un periodo de reflexión y autodescubrimiento. Según responsables de igualdad penitenciaria, no son pocos los internos que encuentran en estos grupos una vía de empoderamiento y liberación de etiquetas impuestas por la sociedad.
La experiencia de Morón ha sido reconocida oficialmente: el centro fue declarado Espacio Libre de lgtbifobia por la Junta de Andalucía, convirtiéndose en la primera prisión andaluza con este distintivo. El modelo ha servido de inspiración para otros centros, y según la coordinadora de Igualdad de Instituciones Penitenciarias, en más de la mitad de las cárceles españolas ya existen proyectos similares, aunque el cambio es desigual y aún está en proceso.
La importancia de iniciativas como Espacio Seguro se refleja en la mejora del clima penitenciario y en la reducción de delitos de odio, según responsables del sector. La implicación de la dirección y del personal penitenciario es clave para garantizar la continuidad y la eficacia de estos proyectos. En este contexto, la atención a la diversidad y la protección de los derechos de los internos LGTBIQ+ se consolidan como una prioridad creciente en el sistema penitenciario español.
El avance en la atención a colectivos vulnerables en las cárceles andaluzas se produce en paralelo a otras demandas sociales, como la mejora de la atención a la salud mental, que también ha sido objeto de debate recientemente. Por ejemplo, la preocupación de familias y pacientes por la falta de recursos para el Trastorno Límite de Personalidad fue recogida en un reportaje sobre las carencias del plan andaluz de salud mental, disponible en este análisis sobre la situación de la atención psiquiátrica en la región.
En España, el sistema penitenciario cuenta con 80 centros y una población reclusa mayoritariamente masculina. La visibilidad de la diversidad sexual y de género en prisión sigue siendo un reto, pero experiencias como la de Morón muestran que el cambio es posible cuando existe voluntad institucional y apoyo interno. La consolidación de estos espacios no solo mejora la calidad de vida de los internos, sino que contribuye a una convivencia más respetuosa y segura para todos.